MÉXICO AEROESPACIAL 
Redacción. – El desarrollo de proyectos de investigación científica y tecnológica en las Fuerzas Armadas fomenta la autonomía científica y reduce la dependencia tecnológica extranjera en campos estratégicos. Así, entre septiembre de 2025 y junio de 2026, llevaron a cabo las siguientes actividades: Defensa inició en enero 2026 el desarrollo de cinco proyectos de investigación, que al 30 de junio presentan los siguientes avances: 1) Binomio de reconocimiento y neutralización de artefactos explosivos improvisados, 68%; 2) Simulador para la operación de drones y antidrones para la protección de tropas, 25%; 3) Esterilizadores de vapor autogenerado para hospitales militares, 38%; 4) Estrategia terapéutica preclínica contra el cáncer de mama, 15%, y 5) Plataforma educativa digital de arte y diseño operacional con inteligencia artificial generativa, 27%. Además, se encuentra pendiente de iniciar el desarrollo de un prototipo de cartucho propelente sólido para cohetes y de un simulador de entrenamiento para tripulaciones. Para coadyuvar al desarrollo marítimo nacional, la Armada de México realizó los siguientes estudios: Efectuó 20 estudios de investigación oceanográfica en apoyo a las operaciones navales, los cuales concluyeron en diciembre de 2025. Estos fueron: ocho estudios de dinámica costera, ocho estudios de caracterización y selección de áreas de vertimiento, dos estudios (uno por cada litoral) de oceanografía química y contaminación marina y dos estudios de florecimientos algales nocivos y su relación con las condiciones oceanográficas en los principales puertos y bahías del Pacífico Mexicano y Golfo de México y Mar Caribe. Se llevaron a cabo 14 cruceros en los buques de investigación, para la obtención y el monitoreo de variables fisicoquímicas y oceanográficas, simulacros de derrames de hidrocarburos y levantamientos hidrográficos. Se publicaron Calendarios Gráficos y Tablas Numéricas de Predicción de mareas de los litorales del Pacífico Mexicano y Golfo de México y Mar Caribe 2026, coadyuvando a la seguridad en la navegación y salvaguarda de la población costera. Se construyeron nueve cartas náuticas en formatos impreso, BSB y electrónico para zonas estratégicas del litoral nacional y se realizaron 17 levantamientos batimétricos en apoyo a los Mandos Navales para la planeación y ejecución de operaciones marítimas, así como para la seguridad de la navegación. Como continuación del proyecto de innovación táctica, se inició el ensamblaje de dos vehículos tácticos blindados tipo escualo en la versión de combate, diseñados para resistir ataques con explosivos improvisados y drones. Se continuó con la construcción, equipamiento y operación del Centro de Réplicas Tecnológicas, ubicado en Antón Lizardo, Veracruz, que tiene como objetivo ampliar y fortalecer la capacidad de servicio de reproducción de sistemas tecnológicos.
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Por Aixa Benitez, Head of Geospatial Intelligence & Cyber Security Engineer Roca Defense & Systems Detectar no es decidir, nunca tuvimos tantos datos sobre lo que ocurre en el mar y sin embargo, disponer de más información no significa necesariamente comprender mejor una situación. Ésta es, posiblemente, una de las tensiones más importantes de la inteligencia geoespacial contemporánea. Una detección puede indicarnos que existe un contacto en determinada posición. Pero esa detección, por sí sola, no nos dice necesariamente qué estamos observando, qué grado de confianza merece la información, qué otras fuentes la corroboran, qué incertidumbre permanece ni qué decisión corresponde evaluar. La diferencia parece semántica. Operacionalmente, es enorme. Por eso considero que una de las discusiones que debemos plantear en GEOINT ya no es simplemente cómo aumentar nuestra capacidad para observar. La pregunta más exigente es otra: ¿Cómo transformamos observaciones heterogéneas en evidencia trazable, contextualizada y suficientemente confiable para apoyar una decisión humana responsable? Durante mucho tiempo, una parte importante del problema de Maritime Domain Awareness podía formularse en términos de cobertura: observar áreas más extensas, incrementar persistencia, incorporar sensores y reducir zonas sin información. Ese problema no desapareció. Pero se le superpuso otro. Hoy podemos recibir información procedente de sistemas cooperativos, radares, constelaciones satelitales, sensores electroópticos, plataformas autónomas y múltiples infraestructuras digitales. El desafío pasa progresivamente de la escasez de observaciones a la capacidad de correlacionarlas, contextualizarlas y determinar cuánto podemos confiar en ellas. No es una discusión exclusivamente nuestra. En 2026, la United States Geospatial Intelligence Foundation puso en marcha un Maritime Domain Awareness Working Group orientado precisamente a estudiar brechas de sensado, fusión de datos y analítica, así como el papel de la inteligencia artificial para acelerar el análisis y reducir latencias. El problema puede observarse con un ejemplo sencillo. AIS constituye una fuente cooperativa extraordinariamente valiosa. Permite comunicar automáticamente información como identidad, posición, rumbo y velocidad, y su utilización está regulada internacionalmente para determinadas categorías de buques. Pero una declaración AIS y una observación física no son exactamente lo mismo, una detección SAR puede aportar evidencia independiente de presencia en superficie, aunque por sí sola tampoco debería utilizarse para inferir automáticamente identidad o intención. Una imagen EO/IR puede proporcionar contexto visual, pero su utilidad depende, entre otras variables, de resolución, geometría, condiciones ambientales, disponibilidad y oportunidad temporal. Un radar puede mantener una pista, pero esa pista adquiere otro valor cuando puede relacionarse con información geoespacial y temporal adicional. Y GNSS, aun siendo una infraestructura fundamental para posicionamiento, navegación y tiempo, tampoco debería ser tratado como una fuente infalible. En 2025, IMO, ICAO e ITU manifestaron conjuntamente su preocupación por el aumento de episodios de jamming y spoofing que afectan sistemas GNSS. Ninguna de estas observaciones obliga a desconfiar sistemáticamente de los sensores.Obliga a diseñar sistemas capaces de administrar la confianza. Observar, declarar, inferir y decidir no son la misma cosa Aquí aparece una distinción doctrinaria que considero fundamental. Un sistema puede observar. Una fuente puede declarar. Un algoritmo puede inferir. Pero una autoridad debe decidir. Confundir esos niveles puede transformar una alerta técnica en una conclusión operacional antes de disponer de evidencia suficiente. Una detección SAR sin correspondencia AIS, por ejemplo, no demuestra automáticamente una actividad irregular. Puede existir una diferencia temporal, una limitación de recepción, una condición operacional legítima o simplemente información todavía insuficiente. De la misma manera, una transmisión AIS no debería convertirse automáticamente en una confirmación independiente de identidad y posición. La función de GEOINT aparece precisamente en ese espacio entre ambas cosas. No consiste solamente en colocar información sobre un mapa. Consiste en relacionar espacio, tiempo, procedencia, comportamiento, contexto e incertidumbre para transformar datos dispersos en conocimiento útil. Por eso, una arquitectura GEOINT madura debería poder responder no sólo: ¿Dónde está? sino también: ¿Qué sabemos realmente? ¿Cómo lo sabemos? ¿Qué fuentes coinciden? ¿Cuáles se contradicen? ¿Cuándo fueron obtenidas? ¿Qué incertidumbre permanece? ¿Qué observación adicional permitiría reducirla? Esta última pregunta es especialmente importante. Porque GEOINT no debería producir únicamente respuestas. También debería ayudarnos a formular mejores preguntas operacionales. El desafío no es acumular capas, integrar no es superponer datos: es convertir fuentes heterogéneas en evidencia coherente para decidir con mayor confianza. SAR, AIS, radar, EO/IR, meteorología, oceanografía, cartografía, telemetría y fuentes abiertas pueden representarse simultáneamente en una interfaz. Eso no significa que hayan sido realmente integradas. La integración comienza cuando el sistema conserva procedencia, temporalidad, calidad y relaciones entre observaciones. Una correlación SAR–AIS, por ejemplo, puede considerar distancia, diferencia temporal, rumbo, velocidad, dimensiones estimadas y calidad de las fuentes. Pero el resultado no debería presentarse como una verdad matemática. Un score es útil cuando ayuda al analista a comprender por qué dos observaciones podrían corresponder al mismo objeto, qué evidencia sostiene esa hipótesis y qué podría invalidarla. Ésa es una diferencia importante entre automatizar una respuesta y automatizar una parte del razonamiento. También existe una evolución internacional hacia ecosistemas de datos marítimos interoperables. La International Hydrographic Organization (IHO) desarrolla y mantiene el marco S-100 —Universal Hydrographic Data Model— para la creación de productos y servicios hidrográficos digitales interoperables. El marco respalda especificaciones asociadas a cartas electrónicas de navegación, superficies batimétricas, información de nivel de agua, corrientes superficiales, avisos a la navegación y otros productos marítimos. Su arquitectura, complementada por especificaciones de interoperabilidad como S-98, refuerza que el intercambio y la integración entre productos de información deben ser principios de diseño, no una capacidad incorporada de manera posterior. Esto sugiere una conclusión que trasciende cualquier plataforma: la interoperabilidad ya no puede ser una integración posterior; debe ser un principio de arquitectura. La confianza operacional depende de la integridad de toda la cadena, desde el sensor hasta la decisión. Hay otro aspecto que, a mi juicio, merece mayor presencia en la conversación sobre GEOINT, la calidad de una pista no depende solamente del sensor, Depende también de todo lo que ocurre después. Sensor → enlace → ingestión → procesamiento → fusión → visualización → decisión. Si se degrada la autenticidad, integridad, disponibilidad o trazabilidad en alguno de esos puntos, también se degrada nuestra
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Por José A. Quevedo Durante el desfile militar del pasado 16 de septiembre de 2026, la Armada de México presento como parte de sus nuevos desarrollos los vehículos aéreos no tripulados (VANT) SPARTAAM 200, SPARTAAM Quetzal y SPARTAAM SANT-DAV, un sistema de mayor alcance que incorpora comunicación satelital. Estos nuevos VANT al parecer ya cuentan con su configuración final y se está preparando el inicio de su producción en serie, lo anterior de acuerdo con informes de gobierno que señalan que se continuó con la construcción, equipamiento y operación del Centro de Réplicas Tecnológicas, ubicado en Antón Lizardo, Veracruz, que tiene como objetivo ampliar y fortalecer la capacidad de servicio de reproducción de sistemas tecnológicos. El SPARTAAM (Sistema de Patrullaje Autónomo de Reconocimiento Táctico Aéreo) es un vehículo aéreo no tripulado de diseño y fabricación mexicana desarrollado por la Armada de México a través del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico (ININDETEC) Desde el 2011, el entonces Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico de la Armada de México (INIDETAM) inició el desarrollo de vehículos aéreos no tripulados, los cuales son considerados fundamentales en el desarrollo de operaciones navales en los tres niveles operacionales (táctico, operacional y estratégico). La primera línea de investigación fue el desarrollo del Sistema de Patrullaje Autónomo de Reconocimiento Táctico Aéreo de la Armada de México (SPARTAAM) con el propósito de contar con un sistema de recolección de información de inteligencia que fortalezca las capacidades de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento (por sus siglas en ingles ISR) y apoye las operaciones de la Armada de México. A partir de este modelo, en octubre de 2022, se presentó la evolución del SPARTAAM con el Sistema Aéreo No Tripulado de Despegue y Aterrizaje Vertical (SPARTAAM 200), con la ventaja de no requerir de una pista para su operación lo que proporciona una ventaja táctica al despegar de cualquier terreno o desde buques. El SPARTAAM 200 está construido con materiales compuestos, como fibra de vidrio, fibra de carbón y kevlar. Permite enviar video y datos en tiempo real mediante una cámara óptica con capacidad de trabajar de día y noche. Este modelo es controlado totalmente de forma autónoma sin la necesidad de que una persona controle directamente su vuelo. Este vehículo fue la base para la evolución del SPARTAAM-Quetzal que se desarrolló tanto para funciones militares como para funciones civiles como vigilancia y observación en un desarrollo conjunto con la secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI). Una de sus principales características es su diseño de cuerpo de ala combinado con cola en V invertida que integra el fuselaje con las alas y utiliza empenajes de cola en V invertida. De acuerdo con la Armada de México el Quetzal es un Sistema Aéreo No Tripulado diseñado para ofrecer vigilancia, monitoreo y reconocimiento con alta eficiencia y autonomía, ideal para aplicaciones en seguridad, vigilancia ambiental, rescate y más. Este sistema combina tecnología avanzada con facilidad de operación para maximizar resultados. Sus especificaciones son: Autonomía de 6 horas Techo de operación de 5,000 ft (1,524 m) Alcance de 27 MN (50km) Envergadura de 24.60 ft (7.5 m) Longitud de 11.97 ft (3.65m) Velocidad de crucero de 47 kts (24.17 m/s) Propulsión de gasolina premium (32:1) Potencia del motor de 18hp @7,200RPM Configuración del motor Pusher Peso máximo al despegue de 220.46lbs (100 Kg) Peso al vacío de 134.48lbs (61kg) Peso máximo de carga 85.98lbs (39 kg) Sensor Cámara electróptica e infrarrojo Lanzamiento/Recuperación Despegue y aterrizaje en pista El sistema SPARTAAM tiene el reto de poder integrarse como parte de la operación de las nuevas OPV Clase Yucatán como drones de despegue y aterrizaje vertical, así como integrarse en tareas de búsqueda y observación en las unidades de infantería de marina
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Por Javier Soberanis Fdez Este artículo, es mi granito de arena para dejar claros los conceptos y la situación actual (octubre 2026) de la infraestructura mexicana, con el fin de apoyar, en la medida de lo posible, el objetivo de moderar las expectativas y, en consecuencia, el nivel de especulación sobre este tema. Cuando se habla de fabricar o armar aeronaves en el país, suele confundirse con frecuencia la llegada de una armadora extranjera con un verdadero programa de Transferencia Tecnológica (Transfer of Technology). Aunque ambos esquemas generan empleo e infraestructura, en el fondo representan estrategias industriales completamente distintas. 1. La diferencia de fondo: filial extranjera vs. transferencia tecnológica • En la estructura jurídica: El establecimiento de una armadora extranjera opera bajo el modelo de inversión extranjera directa (FDI); la empresa matriz funda una subsidiaria local propia (como los casos de Bombardier, Safran o Airbus en diversas regiones). En contraste, un contrato es un acuerdo bilateral o multilateral entre el fabricante original (OEM) y una entidad local independiente: una empresa nacional, un consorcio mixto o un ente estatal. • En el control del conocimiento (Know-How y Know-Why): En una filial extranjera, el conocimiento técnico permanece blindado dentro de la corporación; el personal local ejecuta tareas bajo parámetros cerrados sin acceso a las memorias de cálculo ni al diseño de fondo. En la transferencia tecnológica, los planos maestros, especificaciones de ingeniería, tolerancias y procesos se transfieren contractualmente a la contraparte nacional para desarrollar capacidad de resolución autónoma. • En el impacto a largo plazo: Una filial brinda capacidad operativa dependiente; si el corporativo decide relocalizarse, el país retiene mano de obra, pero ninguna propiedad intelectual ni capacidad de desarrollo independiente. Un esquema de transferencia busca la asimilación tecnológica: que la industria local aprenda a integrar, modificar, sostener e incluso certificar aeronaves por cuenta propia. 2. Anatomía de un contrato qué involucre transferencia de tecnología aeronáutica Para clasificar legal y técnicamente como transferencia tecnológica, el contrato debe involucrar actores y cláusulas específicas: • Actores indispensables: El fabricante original (OEM titular de las patentes y del Certificado de Tipo), el licenciatario receptor local, los gobiernos de ambas naciones (que regulan controles de exportación militar o de doble uso como ITAR/EAR) y las autoridades aeronáuticas encargadas de certificar la línea de producción y la aeronavegabilidad. • Cláusulas críticas: Propiedad Intelectual: Licencia de fabricación formal, acceso al paquete de datos técnicos maestro (TDP) y división clara entre Background IP (tecnología previa del OEM) y Foreground IP (innovaciones desarrolladas localmente). Esquema escalonado: Transición programada desde kits SKD (ensamble de grandes conjuntos), pasando por CKD (armado de componentes sueltos), hasta la sustitución gradual por piezas de proveeduría nacional. Acreditaciones y utillaje: Transferencia de gradas de ensamble (jigs), bancos de pruebas calibrados y la hoja de ruta para obtener certificaciones internacionales (AS9100 / POA). 3. Análisis de factibilidad en México: ¿estamos listos para absorber un contrato de transferencia tecnológica de ensamble mayor? Si un fabricante o gobierno extranjero propusiera mañana un contrato de transferencia tecnológica para ensamblar aeronaves completas en México, ¿qué capacidad real existe para recibirlo y ejecutarlo? A. La realidad de la industria y el ecosistema FEMIA La Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial (FEMIA) agrupa a más de 300 empresas del sector, pero su perfil presenta una característica determinante: Fuerte vocación de manufactura Tier 1, Tier 2 y Tier 3: México destaca a nivel global en estos eslabones de la cadena de suministro aeronáutica: Tier 1 (Proveedores de primer nivel): Empresas que suministran sistemas y subsistemas completos directamente al fabricante final (OEM). En este nivel se integran trenes de aterrizaje, secciones de fuselaje, góndolas de motores o cabinas de aviónica ya funcionales. Tier 2 (Proveedores de segundo nivel): Fabricantes que producen subensambles y componentes complejos destinados a los proveedores Tier 1. Incluye piezas como actuadores hidráulicos, cajas de engranes, paneles estructurales maquinados o arneses eléctricos mayores. Tier 3 (Proveedores de tercer nivel): Empresas enfocadas en piezas individuales, componentes unitarios y procesos especiales suministrados al nivel Tier 2. Abarca maquinado de precisión de piezas sueltas, tornillería especializada, tratamientos térmicos, recubrimientos químicos y materias primas certificadas. Carencia de un integrador nacional mayor (OEM local): La inmensa mayoría de las plantas en clústeres como Querétaro, Chihuahua, Sonora o Baja California son filiales de corporativos extranjeros. No existe hoy una gran empresa privada de capital 100% nacional con el músculo financiero, la escala y las certificaciones para fungir como contratista principal e integrador de sistemas complejos de una aeronave de gran porte, aunque existen avances e iniciativas nacionales concretas de manufactura e integración de aeronaves ligeras, como el desarrollo del Halcón por parte de Horizontec en Guanajuato. B. Sector Militar e Instituciones de Defensa En países como Brasil (Embraer/FAB) o India (HAL), los contratos de transferencia se anclan en la defensa nacional. En México: La Fuerza Aérea Mexicana (FAM) / SEDENA: Cuentan con capacidad de mantenimiento mayor en escalones avanzados y experiencia técnica en proyectos de aeronaves no tripuladas (UAV tácticos) y el proyecto Azteca. Sin embargo, no operan una paraestatal de manufactura pesada o ensamblaje serial a gran escala. SEMAR (Armada de México): A través de sus departamentos de investigación y desarrollo (como INIDETAM), han diseñado y armado plataformas no tripuladas de vigilancia y embarcaciones navales (demostrando capacidad de transferencia en astilleros), pero carecen de una línea industrial para ensamblar aeronaves tripuladas de gran porte. C. Sector Académico y de Investigación Instituciones como el IPN (UPIITA / UPIIG), la UNAQ (Universidad Aeronáutica en Querétaro), el CENIDET y centros Conahcyt (CENAM, CIATEQ, CIDESI) cuentan con el talento en cálculo estructural, metrología y ciencia de materiales para absorber el conocimiento. No obstante, se requiere un puente más sólido entre la investigación aplicada y la certificación industrial para líneas de producción en serie. CONCLUSIÓN: ¿ES FACTIBLE? Un contrato de transferencia tecnológica, para el armado de aeronaves en México es técnicamente viable, pero bajo condiciones muy delimitadas: Aeronaves ligeras, entrenadores básicos o UAV medianos: Es el segmento donde la absorción de tecnología es factible a corto y mediano plazo mediante consorcios
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Redacción. – En días pasados el buque ARM “JUÁREZ” (POLA 101) ingresó al dique seco ubicado en el Astillero de Marina Número Uno, en Salina Cruz, Oaxaca, con la finalidad de efectuar trabajos de mantenimiento programado, encaminados a preservar sus capacidades operativas y garantizar el adecuado funcionamiento de sus sistemas y equipos. Este ingreso a Dique representa una nueva etapa para esta unidad de superficie, después de tres años de Operaciones Navales al servicio de la Patria, tanto en aguas nacionales como internacionales, contribuyendo al cumplimiento de las atribuciones de la Armada de México. Dicha unidad cuenta con 320 singladuras (días de navegación) y alcanzó un total de 724,320 millas vigiladas. Así mismo, destaca su participación en ejercicios Internacionales como Rim of the Pacific (RIMPAC) en el año 2024 y 2026; UNITAS en el 2024; SOLIDAREX en el 2024 y TRIDENT FURY en el 2025 contribuyendo al fortalecimiento del adiestramiento de su tripulación, la interoperabilidad con otras Armadas del mundo y la proyección del Poder Naval mexicano en escenarios marítimos internacionales. Los trabajos de mantenimiento en carena permiten conservar las condiciones de alistamiento para el combate y continuar desempeñando de manera eficiente las misiones que le sean encomendadas en beneficio de los intereses marítimos nacionales a efectos de generar el entorno de seguridad para el desarrollo marítimo nacional. El buque ARM Benito Juárez (POLA-101) es la fragata más moderna y tecnológicamente avanzada de la Armada de México, clasificada como Patrulla Oceánica de Largo Alcance (POLA). Entró en servicio en 2020, basada en el diseño holandés SIGMA 10514, y destaca por su capacidad antisubmarina, de superficie y de vigilancia en la Zona Económica Exclusiva, siendo un activo clave en seguridad nacional ya que está equipado con tecnología para detectar la presencia de otros buques, aeronaves, sumergibles y semisumergibles. Además, su sistema de telecomunicaciones mantiene a la tripulación conectada en tiempo real con el centro de mando, lo que optimiza las operaciones navales mexicanas. Tiene una cubierta de vuelo en donde opera un helicóptero AS-565Mbe Phanter
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Redacción. – Derivado de la coordinación entre autoridades militares de México y de los E.U.A., esta fecha inició una “Operación Concurrente” (Espejo), en la frontera común del Estado de Tamaulipas, en la que participan por parte de México, 500 efectivos del Ejército y Guardia Nacional con el apoyo de dos helicópteros UH-60M BlackHawk de la Fuerza Aérea Mexicana, drones y equipos antidron móviles y semifijos, con el objetivo de contribuir a evitar el tráfico de drogas y personas. Para materializar este tipo de acciones, que se realizan desde el 5 de febrero de 2025, el 3 de octubre de 2026, los comandantes de la XI Región Militar (Torreón, Coah.) y 8/a. Zona Militar (Reynosa, Tamps.), establecieron comunicación con sus contrapartes de la Fuerza de Tarea Conjunta “Frontera Sur” de los Estados Unidos., con el fin de garantizar el enlace y coordinación para esta operación concurrente, cada fuerza en su respectivo territorio, la que se realizará en el lado mexicano en la frontera de los municipios de Nueva Ciudad Guerrero, Mier, Miguel Alemán, Camargo y Díaz Ordaz, Tamaulipas. Este mecanismo de cooperación bilateral se conduce bajo los principios de reciprocidad, responsabilidad compartida y diferenciada, confianza mutua y respeto a las decisiones y territorios soberanos. En días pasados se conoció del despliegue de aproximadamente 500 elementos de las fuerzas armadas de Estados Unidos en la frontera del Valle del Río Grande, Texas, al respecto el gobierno de México señalo que estos despliegues forman parte de las operaciones espejo entre ambos países, que son testigo de su compromiso por reforzar la seguridad fronteriza, mejorar las capacidades de detección y resguardar la soberanía correspondiente. Señalando que la Armada de México, a través del Sector Naval de Matamoros, Tamaulipas en el marco de la Operación Sable, realiza también despliegues operativos en la franja fronteriza de su jurisdicción con 159 elementos navales, 11 vehículos y dos drones. A su vez, el Comando Norte de los Estados Unidos, a través de sus cuentas oficiales, en el marco de la operación Vanguardia Ardiente, externó que lleva a cabo el despliegue de aproximadamente 500 elementos de sus fuerzas armadas.
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