MÉXICO AEROESPACIAL 
La presidenta de México reforzó el Plan México presentado en enero pasado bajo 18 acciones inmediatas para fortalecer el mercado interno y en respuesta a la incertidumbre mundial por los aranceles; para lo cual señalo que existen un portafolio de inversiones por más de 200,000 millones de dólares. El reforzamiento del Plan México consiste en implementar a la brevedad inversiones en carreteras, trenes, aeropuertos y demás obra pública para generar entre medio millón a un millón de empleos. Durante el evento la presidenta de México se comprometió con los sectores productivos a delinear estrategias para impulsar la producción de industrias como la automotriz, acero y aluminio, que se verán impactadas por el arancel del 25%; aunque también se atenderán sectores como el textil, confección, cine, semiconductores, baterías, electricidad, entre otros. Para los proyectos de auto generación de energía, existen 54 planes de inversiones para aumentar la generación eléctrica, así como el aumento del 30% de gasolina, turbosina y gas. Como parte de reactivar el mercado, expuso, se aumentará en 30% la producción de combustibles como gasolina, turbosina y diésel, y reducir la importación de gas natural, que permitirá ser competitivos. Del análisis del plan se infiere que no se señaló nada respecto a poder innovar en la industria de defensa, aunque este sector del 2004 al 2019, ha mantenido tasas de crecimiento positivas equivalentes al 14.3% promedio anual. Las ventas al exterior en 2019 alcanzaron los 9,682 millones de dólares, para un crecimiento de 12.41% con respecto al 2018, cuando fueron de 8,613 millones de dólares y casi el doble de lo exportado en 2012. De acuerdo con el reporte estadístico del Departamento de Comercio de los Estados Unidos para la industria aeronáutica, en 2016, México se posicionó como el 7o proveedor aeroespacial de Estados Unidos, aportando el 4.16% de sus importaciones generales, por arriba de naciones como Singapur, Italia y China. La participación histórica de México en ventas aeroespaciales hacia los Estados Unidos lo ha ubicado desde 2006 entre los primeros 10 proveedores de ese país. Eso implicaría que apostar por este sector es una apuesta segura por ser un sector en constante crecimiento e innovación. Por ejemplo, con el reciente anuncio de que Embraer invertirá en Polonia proyectos potenciales que incluyen la línea de ensamblaje del KC-390, conversiones de aviones comerciales de pasajeros a carga, entre otros se podrían generar US$3.000 millones en valor para Polonia en 10 años, creando potencialmente 5,000 puestos de trabajo en ese país, nos hacemos la pregunta porque no se trabaja un proyecto así para México. Otro ejemplo en 2016, el valor de mercado de UAV militares alcanzó los 8.5 mil millones de dólares y se espera que crezca a una tasa compuesta anual de 4.89 % para llegar en 2026 a una cifra cercana a los 13.7 mil millones de dólares. América del Norte se proyecta como el líder del mercado con un crecimiento del 32% durante el período, seguido de Europa con un 31%, y Asia Pacífico con un 30%. El mercado de Medio Oriente para vehículos aéreos no tripulados se espera participé con el 4%, seguido de los mercados de América Latina y África, con un 2%6. Actualmente en México se tienen detectadas diversas empresas ensambladoras de vehículos aéreos no tripulados o drones, Baja California, Querétaro, Nuevo León, Jalisco y la Ciudad de México son algunas de las entidades del país en donde esta actividad ha tomado fuerza en el diseño y fabricación de estos aparatos.
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Aeroméxico incorporó un nuevo avión Boeing 737 MAX-9, llegando a 54 el número total de aviones MAX en su flota. La nueva aeronave, registrada como XA-GPS, fue entregada desde las instalaciones de Boeing en Seattle y realizó un vuelo directo al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) el domingo 18 de agosto. “Esta semana le dimos la bienvenida a nuestro nuevo Boeing 737 MAX-9, con el que alcanzamos 20 aviones de este innovador modelo, y 54 en total de la familia MAX”, destacó la aerolínea en un comunicado Andrés Conesa, director general de Aeroméxico. La aerolínea mexicana continúa con su plan de reemplazo de sus aviones Boeing 737-800, de los cuales quedan 33 unidades, además de retirar del servicio 37 aviones Embraer 190. La aerolínea pretende unificar su flota con los modelos Boeing 737 MAX y Boeing 787 Dreamliner. Actualmente, Aeroméxico está a la espera de la entrega de seis aviones MAX 9 y siete MAX 8 adicionales. El Boeing 737 MAX 9 de la flota de Aeroméxico está configurado para transportar 181 pasajeros, divididos en 16 asientos de Clase Premier, 18 asientos AMPlus y 147 asientos en clase económica. Aeroméxico utiliza sus aviones MAX en rutas nacionales de alta demanda a Cancún, Monterrey, Tijuana y Mérida. A nivel internacional, sirven destinos en Estados Unidos como Orlando, Denver y Miami. A partir de septiembre, el MAX 9 también se desplegará en rutas a Las Vegas, Los Ángeles, San Francisco y Chicago O’Hare. Desde que Aeroméxico comenzó a operar estas aeronaves en 2018, ha completado más de 170 mil vuelos, acumulando más de 255 millones de kilómetros recorridos, lo que equivale a más de 6 mil 380 vueltas al mundo.El 737 MAX usa menos combustible que otros aviones. Esto se traduce en una menor emisión de dióxido de carbono en cada vuelo.
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Los Tratados de Bucareli, firmados el 10 de septiembre de 1923, han tenido por alguna extraña razón, una serie de connotaciones, tanto históricas como psicológicas, dentro de ciertos sectores de la sociedad casi comparables con los estigmas de la conquista o perdida de los territorios en la guerra con los Estados Unidos. El tratado buscaba canalizar las exigencias de ciudadanos estadounidenses por presuntos daños causados a sus bienes por guerras internas en la Revolución Mexicana durante el período comprendido entre 1910 y 1921 y se llevaron a cabo en un edificio del gobierno federal ubicado en la calle de Bucareli. Las negociaciones se iniciaron el 15 de mayo de 1923 y terminaron el 13 de agosto del mismo año. En ningún lugar de los textos se hace mención a la prohibición de construir maquinaria o aeronaves y de su lectura se desprende lo siguiente: El presidente Obregón no tenía jurisdicción legal para hacer cumplir un tratado a título personal ya que los comisionados que los comisionados que a ellas concurrieron, fueron meros representantes personales de Obregón y por lo tanto incapaces para obligar al gobierno, que legalmente no intervino Las indemnizaciones o reclamaciones debieron ser entregadas durante cinco años a partir de la firma del tratado. Sin embargo, el Tratado careció de validez legal porque no estuvo sujeto a la aprobación de los congresos de los dos países firmantes, quedando en un «acuerdo de caballeros», que comprometía únicamente a Obregón pero no a sus sucesores. Cuando Plutarco Elías Calles asumió la presidencia en diciembre de 1924, uno de los principales puntos de discordia entre Estados Unidos y México todavía era el petróleo. Calles rápidamente rechazó el Tratado de Bucareli de 1923. Por alguna razón se tiene la idea de que los Tratados de Bucareli, fueron ocultos aunque se encuentra publicado en el Diario Oficial de la Federación del 26 de febrero de 1924, aun así se especula que existe un complemento de dichos tratados de los cuales nadie ha visto, ni conseguido obtener información alguna. Después de 1923, la construcción de aviones no se continuó por motivos políticos pero sobre todo por falta de interés y la dificultad de crear una base industrial que permitiera conseguir esas capacidades. Existen muchos ejemplos de construcciones aeronáuticas después de esas fechas pero ninguno tuvo un éxito que permitiera desterrar esa idea equivocada. Estos tratados se han convertido en un pretexto para justificar la desventaja tecnológica mexicana en materia aeroespacial, ya que en ellos se menciona sobre el petróleo las indemnizaciones a los ciudadanos norteamericanos, compañías y sociedades entre otros, pero no señala alguna restricción para la construcción de aeronaves en México en donde el apoyo económico, tecnológico, político y principalmente profesional es determinante y es determinante para el crecimiento aeronáutico en México. En México históricamente no se ha creído en la ciencia y tecnología hecha en el país ni en sus científicos e inventores, todo esto se ve como un gasto y no como una inversión; sin embargo, los países desarrollados sí creen en el talento de los científicos e inventores mexicanos, y sin darnos cuenta nos hemos convertido en uno de los principales exportadores de científicos y técnicos de américa latina. La falta de una base industrial hizo que a principios del siglo, el gobierno mexicano, estimulara desde el año 2002, diversos proyectos de inversión y desarrollo de proveeduría que hoy han convertido a México en el sexto proveedor de partes aeroespaciales para Estados Unidos, el doceavo exportador mundial y el quinceavo productor a nivel mundial de productos aeroespaciales. Para muchos ha sido más fácil comprar algo en el extranjero, que preocuparse por obtener una base industrial que permita aplicar los conocimientos adquiridos por el capital humano, para luego justificar la incapacidad con supuestos tratados de hace 100 años.
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Jorge Mendoza Sánchez, Director General de Banobras, informó que los costos de preservación del avión presidencial TP-01 en Estados Unidos ascendieron a 1.7 millones de dólares que corresponde a un poco más de 37 millones de pesos. Asegurando que luego de un año y siete meses en los que estuvo fuera de territorio mexicano, la aeronave se encuentra en perfectas condiciones, explicó que el avión tipo Boeing 787-8 recibió el trabajo de preservación en Victorville, Estados Unidos, el cual calificó como “la sede más importante de mantenimiento y operación de Boeing”. En conferencia de prensa en el Hangar Presidencial, el titular de Banobras señaló que el avión se encuentra en mejores condiciones de las que se recibió de la administración pasada y aseguró que no se venderá por debajo de su valor en el mercado es decir “no se malbaratará” El avión cuenta con más de mil 702 horas de vuelo. El Presidente nos dio la instrucción de vender al avión en las mejores condiciones a través de las mejores prácticas que se hiciera en un proceso transparente y se observen las directrices en materia de normatividad austeridad y también del uso eficiente de los recursos públicos. Siempre se ha contado con el acompañamiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y un precio de venta que ningún caso sea menor al valor de mercado. Al día de hoy nos encontramos en negociación con dos potenciales compradores la semana pasada el avión concluyó como saben, su estancia en Estados Unidos y continuará en territorio nacional. “En cuanto a las dos ofertas se tiene un avance con uno de los oferentes en términos y condiciones de compraventa. Se recibió un depósito de un millón de dólares el lunes pasado, así mismo la semana pasada recibimos una segunda oferta por otro interesado que se está analizando en este momento más adelante. Si se llegar a concretar esta forma de compraventa se tendrá que llevar unasinspecciones acabo por parte de los compradores para posteriormente hacer un cierre de operación y poder proceder con la entrega”. Posteriormente el C. General Luis Cresencio Sandoval González, Secretario de la Defensa Nacional informó sobre el proceso de los costos de adquisición y de mantenimiento del avión B 787-8, con número de matrícula 3523 “General José María Morelos y Pavón”. En noviembre de 2012, la Secretaría de la Defensa Nacional y BANOBRAS suscribieron un contrato por arrendamiento financiero, por un término de 15 años y un monto de $6,094’689,887.00; pagando del 2012 al 2020, $2,255’842,960.66 en ocho anualidades; quedando pendiente por pagar a capital, del año 2021 al 2027, un monto de $3,838’846,926.34; sin embargo, en caso de pagar el capital que se adeuda durante el mes de julio de 2020, se tendría un ahorro de $1,938’847,550.27 por concepto de intereses, ya que se pagaría únicamente un total de $4,155’842,336.73 pesos. El 8 de octubre de 2014, la compañía “Boeing” entregó la aeronave en Charleston Carolina del Sur, Estados Unidos de América (E.U.A.), arribando a la Base Aérea Militar No. 1, ubicada en Santa Lucía, Estado de México, el 9 de octubre de 2014, para regularizar su estancia legal en el país, trasladándose en la misma fecha, a la ciudad de Dallas Texas, E.U.A., para la configuración de sus interiores en la compañía “Associated Air Center, L.P.”, retornando a México el 3 de febrero de 2016. Por gastos erogados durante la presente administración de diciembre de 2018 a julio de 2020, se han generado los siguientes conceptos: Haciendo un comparativo de gastos, se obtuvo un promedio mensual de operación de la aeronave, en la pasada administración de $12’014,398.83 pesos y en la presente administración de $3’925,080.67 pesos, reflejando una diferencia de $8’089,318.16 pesos, lo que representa un 306 %. Haciendo un comparativo de gastos en 20 meses, la pasada administración tuvo un gasto de $240’287,976.54 pesos y la presente administración en el mismo periodo ha invertido $78’501,613.41 pesos, mostrando una diferencia absoluta de ahorro de $161’786,363.13 pesos, lo que representa el descenso de los gastos de un 306 % Imágenes: Gobierno de México
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El avión presidencial «TP-01 José María Morelos y Pavón» un Boeing 787-8 aterrizó la tarde de este miércoles 22 de julio en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). El avión presidencial estuvo 19 meses en Estados Unidos, tiempo en el que recibió mantenimiento y propuestas de compra, sin que a la fecha se haya concretado ninguna. El Dreamliner se convirtió en el primer avión de fuselaje ancho en ser operado por la Fuerza Aérea Mexicana, el cual se esperaba operar por lo menos 25 años, sirviendo a las actuales y futuras administraciones federales para transportar al Presidente de la República, funcionarios y equipo de apoyo. Imágenes Gobierno de México
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Por: José Antonio Quevedo A un poco menos de cumplirse dos años de la llegada de este gobierno, el pasado 25 de junio se publicó el Programa Sectorial de Defensa Nacional 2020-2024. En este se plasman 6 objetivos prioritarios. Estos objetivos alejan a la fuerza armada de lo que es su esencia, la defensa del país y tampoco pone énfasis en continuar con la construcción de una fuerza armada moderna dotada de capacidades militares acordes al tamaño del país y su economía y la desvía en actividades como combatir la corrupción, cosa que ya se hacía, apoyar la Seguridad Pública, Bienestar Social y Desarrollo Económico, además de fortalecer las relaciones civiles-militares, dejando tres objetivos dentro de la esfera militar, pero son tan poco ambiciosos como cumplir de forma anual con el programa de producción y mantenimiento de la industria militar. En el rubro de apoyo a Seguridad Pública, Bienestar Social y Desarrollo Económico se consideran principalmente actividades en la construcción del aeropuerto y en la construcción de obras de infraestructura de la Guardia Nacional. Respecto a hacer más eficiente la operatividad de las Fuerzas Armadas de tierra y aire se consideran actividades para la modernización de la infraestructura de la industria militar, del programa de producción y mantenimiento de armamento, municiones, explosivos, vehículos, y equipos militares y sus accesorios de la industria militar, así como proyectos de investigación. No es que los miembros del ejército no puedan con las funciones que se le ha encomendado, creo más bien que es al contrario, simplemente como sociedad hemos perdido el enfoque de lo que deben hacer las fuerzas armadas y cuál es su esencia, tanto que muchos usuarios de redes sociales al ver una imagen de un blindado preguntan y por qué no hacen nada con ese equipo, porque no atacan a los malos? Como su el ejército fuera la policía, a ese nivel hemos perdido la brújula. Si bien con sus actividades las fuerzas armadas pueden coadyuvar con sus actividades al mejoramiento de la Seguridad Publica y en algunos casos en el desarrollo económico como es el caso de la industria aeroespacial, estas siempre deberían desarrollarse dentro de las actividades de defensa tal y como lo señala la regulación constitucional de las fuerzas armadas donde el artículo 89, faculta al Presidente de la República para «Disponer de la totalidad de la Fuerza Armada permanente, o sea del Ejército terrestre, de la Marina de Guerra y de la Fuerza Aérea, para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación». Es así que con este plan sectorial la Sedena se separa de su visión 2030 y la mueve al 2040, reconociendo un desfase de 10 años para obtener unas fuerzas armadas dotadas de recursos humanos, materiales, tecnológicos e informáticos de alta calidad, acordes a la potencialidad del país. 9.- Epílogo: Visión hacia el futuro La SEDENA se continuará consolidando como un actor estratégico en el 2024 para la paz y la seguridad, contribuyendo al desarrollo nacional y siendo un factor de cohesión que integra y fusiona a la sociedad mexicana; con una sólida formación axiológica, física y operativa de sus integrantes basada en la moral, disciplina, liderazgo e igualdad de género; actuando con apego al Estado de Derecho, respeto irrestricto a los Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario; optimizando la operatividad de las Fuerzas Armadas de tierra y aire para afrontar con éxito las amenazas, riesgos y desafíos multidimensionales que constituyen un obstáculo al logro de los objetivos nacionales, de modo que, para el 2040, el Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos se encuentren dotados de recursos humanos, materiales, tecnológicos e informáticos de alta calidad, acordes a la potencialidad del país.
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