¿Reemplazar o modernizar? F-5E/F Escuadrón Aéreo 401 de la Fuerza Aérea Mexicana
- Aviación Militar, Aviación Militar Mexicana, Defensa, Fuerza Aérea Mexicana, Industria
- agosto 16, 2024
MÉXICO AEROESPACIAL 
Redacción. – La Base Aérea Militar (BAM) número 2 de la Fuerza Aérea Mexicana, en Ciudad Ixtepec fue construida con la asesoría de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, ubicada estratégicamente como un punto de paso para las aeronaves aliadas que debían hacer el viaje a Europa a través del Atlántico Brasileño, haciéndolo por esta ruta hacia Panamá. De acuerdo a los archivos de la Sociedad Mexicana de Estudios Aeronáuticos Latinoamericanos (SMEAL), el 1 de junio de 1942, el General Roberto Fierro Villalobos, Jefe de Aeronáutica Militar, designó al Coronel Alfonso Cruz Rivera como Comandante del 2/o. Regimiento Aéreo y fue enviado al Cuartel General de la Región Militar del Golfo en Veracruz, donde le fue asignada la vigilancia del Golfo de México, Mar Caribe e Istmo de Tehuantepec, más tarde, durante 1944, se formó el Escuadrón 207, sumándose al 2/o. Grupo de Escuadrones Aéreos y destacándose en Ixtepec, Oaxaca. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el campo militar fue adquirido por la compañía Mexicana de Aviación que lo utilizó de 1945 a 1949, pero debido a la lejanía y a la falta de una adecuada vía de comunicación con los pueblos del Istmo, la compañía Mexicana de Aviación e Industrias y Terrenos S. A., suspendió sus operaciones el primero de abril de 1949 y nuevamente las instalaciones pasaron al gobierno federal. De acuerdo con los archivos históricos de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) de 1950 a 1955 la base cambió de denominación y se convirtió en la Base Aérea Militar de Ixtepec. Posteriormente, de agosto de 1955 a 1962 se denominó Base Aérea Militar de Ciudad Ixtepec. A partir de 1962, el sitio cambió su nombre a Base Militar de Ixtepec y luego, en 1983 a su actual nombre BAM Número 2 “General de División P.A Antonio Cárdenas Rodríguez” (BAM N° 2), en honor al excomandante de la FAM y comandante de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana y del Escuadrón 201. La primera unidad de la FAM que causó alta fue el Escuadrón Aéreo 207 en marzo del 1947, permaneciendo en esta base hasta el año de 1984. Este escuadrón operó aviones AT-6 “Texan” además de los T-28 Trojan y de 1981 hasta 1998 los turbohélices Pilatus PC-7. Por su importancia geográfica, a partir del 2004, causó alta en la BAM la Primera Escuadrilla de Vigilancia Aérea, equipada con aviones a reacción Embraer 145 RS/AG, Turbohélices Fairchill C-26 y Pilatus PC-6 Porter, destinadas a la vigilancia del espacio aéreo del suroeste de México, durante casi una década se convirtió en la base con más jets de la Fuerza Aérea Mexicana al concentrarse todos los T-33 operativos en el Escuadrón Aéreo 402 en 1998. Ahora el EA 402 opera aviones multipropósito y turbohélice T-6C Texan II. Actualmente en esta base conocida como “Los Guardianes del Istmo”, se encuentra el segundo aeropuerto militar de mayor importancia a nivel nacional, con una pista de 4,148 metros, con hangares y servicio de mantenimiento. En esta base aérea laboran alrededor de 800 personas. La base fue remodelada en el 2017 después del sismo del 7 de septiembre y opera junto a la terminal civil de Ciudad Ixtepec. La base está subordinada a la Región Aérea del Sureste (RASE) junto con las Bases Aéreas ubicadas en la ciudad de Oaxaca, en Cozumel, Quintana Roo, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en Mérida, Yucatán, en Ciudad Pemex, Tabasco y en Comitán, Chiapas. El 1 de marzo de 2026, con la reestructuración de la División Militar del Espacio Aéreo Mexicano, los organismos de la Fuerza Aérea Mexicana cambiaron de denominación, de Regiones Aéreas a Regiones Aéreas Militares y 20 Cuarteles Generales de Base Aérea Militar y 10 Estaciones Aéreas Militares a Zonas Aéreas Militares y Grupos de Base Aérea; con lo que se constituyeron 18 Cuarteles Generales de Zona Aérea Militar y 12 Grupos de Base Aérea, quedando su nueva denominación como 14/a. Z.A.M., Ixtepec, Oaxaca y es responsable de las operaciones aéreas de la FAM en el estado de Oaxaca.
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Redacción. – La flota comercial de pasajeros de América Latina se ampliará de 1.550 a 2.770 aviones para 2045, según la Previsión Global del Mercado (GMF, por sus siglas en inglés) de Airbus 2026 – 2045. El desarrollo económico, las altas tasas de urbanización y el crecimiento de la clase media serán los principales motores de la aceleración del transporte aéreo en la región. El fraccionamiento de la población está generando un mayor número de centros urbanos, lo que a su vez dará lugar a la creación de nuevas rutas gracias a los aviones de última generación y se traducirá en una expansión de la red aérea del continente. La demanda de aviones de pasillo único dominará las necesidades de la región, con 2.520 nuevas entregas, mientras que los aviones de fuselaje ancho representarán 200 entregas. 1.220 aviones contribuirán directamente a la expansión de la flota, mientras que 1.500 sustituirán a aviones de generaciones anteriores. Impulsada por la creciente demanda regional de pasajeros, la transición hacia aviones de última generación sigue acelerándose. Hoy, el 44 por ciento de la flota en servicio de América Latina está compuesta por aviones de última generación. Se espera que esta proporción alcance el 94 por ciento en 2035, lo que ayudará a las aerolíneas a optimizar costos y reducir emisiones de CO₂. La propensión para viajar en avión aumentará considerablemente en la región. Los viajes por persona en Chile, México y Brasil podrían duplicarse o incluso más, mientras que Colombia y Argentina les seguirán de cerca. En conjunto, se prevé que el tráfico con origen y destino en América Latina crezca un 3,7 por ciento anual durante las próximas dos décadas, liderado por el tráfico doméstico, con un 4,0 por ciento anual, y acompañado de un aumento del 3,3 por ciento anual en los vuelos dentro de América Latina y el Caribe. Airbus ha vendido más de 1.400 aviones en América Latina y el Caribe y mantiene una cuota de mercado líder en aviones de pasajeros en servicio. Actualmente, más de 900 aviones de Airbus operan en la región y 450 se encuentran en la cartera de pedidos.
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Redacción. – El desarrollo de proyectos de investigación científica y tecnológica en las Fuerzas Armadas fomenta la autonomía científica y reduce la dependencia tecnológica extranjera en campos estratégicos. Así, entre septiembre de 2025 y junio de 2026, llevaron a cabo las siguientes actividades: Defensa inició en enero 2026 el desarrollo de cinco proyectos de investigación, que al 30 de junio presentan los siguientes avances: 1) Binomio de reconocimiento y neutralización de artefactos explosivos improvisados, 68%; 2) Simulador para la operación de drones y antidrones para la protección de tropas, 25%; 3) Esterilizadores de vapor autogenerado para hospitales militares, 38%; 4) Estrategia terapéutica preclínica contra el cáncer de mama, 15%, y 5) Plataforma educativa digital de arte y diseño operacional con inteligencia artificial generativa, 27%. Además, se encuentra pendiente de iniciar el desarrollo de un prototipo de cartucho propelente sólido para cohetes y de un simulador de entrenamiento para tripulaciones. Para coadyuvar al desarrollo marítimo nacional, la Armada de México realizó los siguientes estudios: Efectuó 20 estudios de investigación oceanográfica en apoyo a las operaciones navales, los cuales concluyeron en diciembre de 2025. Estos fueron: ocho estudios de dinámica costera, ocho estudios de caracterización y selección de áreas de vertimiento, dos estudios (uno por cada litoral) de oceanografía química y contaminación marina y dos estudios de florecimientos algales nocivos y su relación con las condiciones oceanográficas en los principales puertos y bahías del Pacífico Mexicano y Golfo de México y Mar Caribe. Se llevaron a cabo 14 cruceros en los buques de investigación, para la obtención y el monitoreo de variables fisicoquímicas y oceanográficas, simulacros de derrames de hidrocarburos y levantamientos hidrográficos. Se publicaron Calendarios Gráficos y Tablas Numéricas de Predicción de mareas de los litorales del Pacífico Mexicano y Golfo de México y Mar Caribe 2026, coadyuvando a la seguridad en la navegación y salvaguarda de la población costera. Se construyeron nueve cartas náuticas en formatos impreso, BSB y electrónico para zonas estratégicas del litoral nacional y se realizaron 17 levantamientos batimétricos en apoyo a los Mandos Navales para la planeación y ejecución de operaciones marítimas, así como para la seguridad de la navegación. Como continuación del proyecto de innovación táctica, se inició el ensamblaje de dos vehículos tácticos blindados tipo escualo en la versión de combate, diseñados para resistir ataques con explosivos improvisados y drones. Se continuó con la construcción, equipamiento y operación del Centro de Réplicas Tecnológicas, ubicado en Antón Lizardo, Veracruz, que tiene como objetivo ampliar y fortalecer la capacidad de servicio de reproducción de sistemas tecnológicos.
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Por Aixa Benitez, Head of Geospatial Intelligence & Cyber Security Engineer Roca Defense & Systems Detectar no es decidir, nunca tuvimos tantos datos sobre lo que ocurre en el mar y sin embargo, disponer de más información no significa necesariamente comprender mejor una situación. Ésta es, posiblemente, una de las tensiones más importantes de la inteligencia geoespacial contemporánea. Una detección puede indicarnos que existe un contacto en determinada posición. Pero esa detección, por sí sola, no nos dice necesariamente qué estamos observando, qué grado de confianza merece la información, qué otras fuentes la corroboran, qué incertidumbre permanece ni qué decisión corresponde evaluar. La diferencia parece semántica. Operacionalmente, es enorme. Por eso considero que una de las discusiones que debemos plantear en GEOINT ya no es simplemente cómo aumentar nuestra capacidad para observar. La pregunta más exigente es otra: ¿Cómo transformamos observaciones heterogéneas en evidencia trazable, contextualizada y suficientemente confiable para apoyar una decisión humana responsable? Durante mucho tiempo, una parte importante del problema de Maritime Domain Awareness podía formularse en términos de cobertura: observar áreas más extensas, incrementar persistencia, incorporar sensores y reducir zonas sin información. Ese problema no desapareció. Pero se le superpuso otro. Hoy podemos recibir información procedente de sistemas cooperativos, radares, constelaciones satelitales, sensores electroópticos, plataformas autónomas y múltiples infraestructuras digitales. El desafío pasa progresivamente de la escasez de observaciones a la capacidad de correlacionarlas, contextualizarlas y determinar cuánto podemos confiar en ellas. No es una discusión exclusivamente nuestra. En 2026, la United States Geospatial Intelligence Foundation puso en marcha un Maritime Domain Awareness Working Group orientado precisamente a estudiar brechas de sensado, fusión de datos y analítica, así como el papel de la inteligencia artificial para acelerar el análisis y reducir latencias. El problema puede observarse con un ejemplo sencillo. AIS constituye una fuente cooperativa extraordinariamente valiosa. Permite comunicar automáticamente información como identidad, posición, rumbo y velocidad, y su utilización está regulada internacionalmente para determinadas categorías de buques. Pero una declaración AIS y una observación física no son exactamente lo mismo, una detección SAR puede aportar evidencia independiente de presencia en superficie, aunque por sí sola tampoco debería utilizarse para inferir automáticamente identidad o intención. Una imagen EO/IR puede proporcionar contexto visual, pero su utilidad depende, entre otras variables, de resolución, geometría, condiciones ambientales, disponibilidad y oportunidad temporal. Un radar puede mantener una pista, pero esa pista adquiere otro valor cuando puede relacionarse con información geoespacial y temporal adicional. Y GNSS, aun siendo una infraestructura fundamental para posicionamiento, navegación y tiempo, tampoco debería ser tratado como una fuente infalible. En 2025, IMO, ICAO e ITU manifestaron conjuntamente su preocupación por el aumento de episodios de jamming y spoofing que afectan sistemas GNSS. Ninguna de estas observaciones obliga a desconfiar sistemáticamente de los sensores.Obliga a diseñar sistemas capaces de administrar la confianza. Observar, declarar, inferir y decidir no son la misma cosa Aquí aparece una distinción doctrinaria que considero fundamental. Un sistema puede observar. Una fuente puede declarar. Un algoritmo puede inferir. Pero una autoridad debe decidir. Confundir esos niveles puede transformar una alerta técnica en una conclusión operacional antes de disponer de evidencia suficiente. Una detección SAR sin correspondencia AIS, por ejemplo, no demuestra automáticamente una actividad irregular. Puede existir una diferencia temporal, una limitación de recepción, una condición operacional legítima o simplemente información todavía insuficiente. De la misma manera, una transmisión AIS no debería convertirse automáticamente en una confirmación independiente de identidad y posición. La función de GEOINT aparece precisamente en ese espacio entre ambas cosas. No consiste solamente en colocar información sobre un mapa. Consiste en relacionar espacio, tiempo, procedencia, comportamiento, contexto e incertidumbre para transformar datos dispersos en conocimiento útil. Por eso, una arquitectura GEOINT madura debería poder responder no sólo: ¿Dónde está? sino también: ¿Qué sabemos realmente? ¿Cómo lo sabemos? ¿Qué fuentes coinciden? ¿Cuáles se contradicen? ¿Cuándo fueron obtenidas? ¿Qué incertidumbre permanece? ¿Qué observación adicional permitiría reducirla? Esta última pregunta es especialmente importante. Porque GEOINT no debería producir únicamente respuestas. También debería ayudarnos a formular mejores preguntas operacionales. El desafío no es acumular capas, integrar no es superponer datos: es convertir fuentes heterogéneas en evidencia coherente para decidir con mayor confianza. SAR, AIS, radar, EO/IR, meteorología, oceanografía, cartografía, telemetría y fuentes abiertas pueden representarse simultáneamente en una interfaz. Eso no significa que hayan sido realmente integradas. La integración comienza cuando el sistema conserva procedencia, temporalidad, calidad y relaciones entre observaciones. Una correlación SAR–AIS, por ejemplo, puede considerar distancia, diferencia temporal, rumbo, velocidad, dimensiones estimadas y calidad de las fuentes. Pero el resultado no debería presentarse como una verdad matemática. Un score es útil cuando ayuda al analista a comprender por qué dos observaciones podrían corresponder al mismo objeto, qué evidencia sostiene esa hipótesis y qué podría invalidarla. Ésa es una diferencia importante entre automatizar una respuesta y automatizar una parte del razonamiento. También existe una evolución internacional hacia ecosistemas de datos marítimos interoperables. La International Hydrographic Organization (IHO) desarrolla y mantiene el marco S-100 —Universal Hydrographic Data Model— para la creación de productos y servicios hidrográficos digitales interoperables. El marco respalda especificaciones asociadas a cartas electrónicas de navegación, superficies batimétricas, información de nivel de agua, corrientes superficiales, avisos a la navegación y otros productos marítimos. Su arquitectura, complementada por especificaciones de interoperabilidad como S-98, refuerza que el intercambio y la integración entre productos de información deben ser principios de diseño, no una capacidad incorporada de manera posterior. Esto sugiere una conclusión que trasciende cualquier plataforma: la interoperabilidad ya no puede ser una integración posterior; debe ser un principio de arquitectura. La confianza operacional depende de la integridad de toda la cadena, desde el sensor hasta la decisión. Hay otro aspecto que, a mi juicio, merece mayor presencia en la conversación sobre GEOINT, la calidad de una pista no depende solamente del sensor, Depende también de todo lo que ocurre después. Sensor → enlace → ingestión → procesamiento → fusión → visualización → decisión. Si se degrada la autenticidad, integridad, disponibilidad o trazabilidad en alguno de esos puntos, también se degrada nuestra
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