MÉXICO AEROESPACIAL 
Redacción. – El portaviones USS George Washington (CVN-73) de la marina de los Estados Unidos ha comenzado su trayecto rumbo a Medio Oriente desde el océano Pacífico después de que surgieron reportes de problemas de salud mental y de abastecimiento a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln (CVN-72). El USS George Washington zarpó la semana pasada del puerto de Da Nang, Vietnam, indicó la Marina en un comunicado. Desde entonces, el portaviones, junto con un crucero y un destructor, ha estado en el estrecho de Singapur. El Lincoln ha estado brindando apoyo durante el conflicto de Estados Unidos contra Irán, y ha estado desplegado ininterrumpidamente en altamar por más de 260 días, siendo así que varios legisladores demócratas han presionado al Pentágono para que rinda cuentas sobre las condiciones a bordo del portaaviones, las cuales el secretario de Defensa, Pete Hegseth, dijo que fueron “completamente tergiversadas”. El despliegue prolongado del portaaviones durante el conflicto con Irán han generado preocupación por el impacto en los soldados de permanecer mucho tiempo fuera de casa, así como por la creciente tensión sobre el buque y sus recursos. Si bien las hostilidades entre Estados Unidos e Irán han reducido su ritmo en las últimas semanas, la Marina ha reimpuesto un bloqueo sobre los puertos iraníes en el estrecho de Ormuz, y el gobierno del presidente Donald Trump no ha ofrecido claridad sobre cómo pretende poner fin a la guerra. La medida dejaría las aguas del Pacífico sin la presencia de un portaviones estadounidense por tiempo indefinido. Washington considera a China —la potencia dominante en la región— como “una fuerza consolidada” a la que sólo hay que disuadir de no involucrarse con Estados Unidos o sus aliados. El USS Abraham Lincoln (CVN-72) se desplegó e el 21 de noviembre desde San Diego y llegó a Medio Oriente en enero, antes del inicio de la guerra con Irán del 28 de febrero. La Marina reconoció que el conflicto creó un “entorno sumamente complicado en el que los centros tradicionales de suministro en Medio Oriente se vieron interrumpidos por acciones de combate”. Eso, a su vez, provocó escasez y la pérdida de correo a bordo del portaviones, señaló la Marina en un comunicado. “El liderazgo priorizó los suministros críticos para la misión: primero alimentos, luego artículos de higiene y después el correo”, señaló el comunicado, antes de asegurar que los marineros a bordo del buque actualmente tienen acceso a agua limpia y a “opciones de comidas saludables”. “El despliegue prolongado del Lincoln es particularmente significativo porque ocurre en el contexto de operaciones militares continuas contra Irán y la posibilidad de que se requieran fuerzas navales sustanciales de Estados Unidos en la región durante un periodo prolongado”, escribió el senador Richard Blumenthal, miembro de la Comisión de Servicios Armados del Senado, en una carta a la cúpula de la Marina. El senador Ruben Gallego, veterano del Cuerpo de Marines, dijo en redes sociales que busca llevar a una delegación bipartidista en una visita oficial de supervisión al buque y que la forma en que se está tratando a los marineros “no sólo es repugnante; es peligrosa”. Durante una visita a Panamá, Hegseth dijo que quiere que los marineros a bordo del Lincoln regresen a casa y que se lleve a cabo una rotación de las tripulaciones lo antes posible, pero rechazó los reportes de problemas a bordo. La cúpula de la Marina, incluido el secretario interino Hung Cao, sostuvo la semana pasada una tensa asamblea pública con familiares de tropas a bordo del USS Lincoln, en la que los comandantes de las fuerzas aéreas y de superficie de la Marina prometieron hacer todo lo posible para relevar al portaviones. MS NOW fue el primero en informar sobre la reunión. El Comando Central de Estados Unidos, encargado de supervisar las operaciones militares en Medio Oriente, rechazó los reportes sobre malas condiciones. “Los marineros e infantes de marina del Grupo de Ataque del Portaviones Abraham Lincoln mantienen su resiliencia y determinación después de más de 260 días en altamar, 10 mil vuelos de aeronaves y 1.5 millones de libras (680 kilos) de municiones empleadas”, señaló el comando en redes sociales.
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Redacción. – La Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF) ha elevado el ritmo de operaciones de los aviones E-3 Sentry de alerta temprana y control aerotransportado (AWACS) en un despliegue sin precedentes sobre Jordania, el norte de Arabia Saudí, el sur de Irak y el Mediterráneo oriental. Al parecer estos AWACS han pasado a cumplir una función clave en la detección persistente de drones y misiles iraníes lanzados contra objetivos en Jordania e Israel, después de la destrucción de buena parte de la red de radares terrestres de alto valor. Se ha confirmado que 17 instalaciones militares estadounidenses han sido atacadas por Irán desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la ofensiva militar contra ese país el 28 de febrero. En ese contexto, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica habría destruido sistemas de radar valorados en 2.700 millones de dólares. Poco después del inicio de las hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica destruyó el único radar AN/FPS-132 situado fuera de territorio estadounidense, en Catar. También destruyó dos radares AN/TPY-2 vinculados a sistemas THAAD en Jordania y en Emiratos Árabes Unidos, además de otros radares de menor valor. Esa situación dejó a Israel y a las unidades del Ejército y de la Marina de Estados Unidos encargadas de proteger el territorio israelí con una fuerte dependencia de datos de alerta temprana más limitados, procedentes de radares instalados en Turquía y de aviones E-3 AWACS de la Fuerza Aérea estadounidense desplegados en la región. Antes del inicio de los ataques contra Irán, la Fuerza Aérea de EE. UU. ya había trasladado a Oriente Medio y Europa la mayor parte de su flota operativa global de E-3. Estas aeronaves llevan los radares aerotransportados más grandes del mundo y se emplean para coordinar el espacio de batalla táctico mediante enlaces de datos que mejoran la conciencia situacional de las redes antiaéreas estadounidenses y aliadas. La cobertura aérea, sin embargo, depende de reabastecimientos en vuelo cada cuatro a seis horas y no compensa de forma óptima las pérdidas en tierra, debido a la antigüedad de los sensores del E-3 y a que el sistema no fue concebido para la defensa frente a misiles balísticos. La situación también ha reavivado las dudas sobre la viabilidad de la flota E-3. Las tasas de disponibilidad han caído de forma marcada tras décadas de servicio, mientras que sus radares y sistemas de aviónica son considerados cada vez más obsoletos. Esa limitación reduce la capacidad de detección frente a amenazas furtivas, como los drones Shahed 191 de Irán, y aumenta la exposición a la guerra electrónica. Pese a ello, el Departamento de Guerra ha impulsado desde 2025 la cancelación de los planes de adquisición del E-7, llamado a sustituir al E-3. La decisión ha generado controversia, ya que esos aparatos son vistos como una necesidad urgente y reflejan, al mismo tiempo, una fuerte presión sobre el presupuesto de la Fuerza Aérea. Aunque los E-3 pudieron sostener una presencia continua en torno a Irak durante la Operación Tormenta del Desierto de 1991, esas mismas aeronaves son hoy mucho más viejas y menos numerosas, y mantenerlas en condiciones de vuelo exige un esfuerzo mucho mayor. En paralelo, la Real Fuerza Aérea Australiana desplegó el 11 de marzo un E-7 en la región del golfo para respaldar las operaciones de defensa aérea. Ese movimiento coincide con la participación creciente de países occidentales en el esfuerzo bélico contra Irán. Al mismo tiempo, el Ejército de Estados Unidos ha retirado sistemas de defensa aérea terrestre, incluidos radares de alto valor, de distintos puntos del mundo para redesplegarlos en Oriente Medio. Entre esas posiciones figuran emplazamientos avanzados de importancia estratégica en Corea del Sur.
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