MÉXICO AEROESPACIAL 
Se realizo la presentación (roll-out) del Stratolaunch, el que es considerado el avión más grande del mundo, rodando por primera vez aunque sólo haya sido para salir del hangar en el Puerto Aéreo y Espacial de Mojave en California para comenzar las pruebas de abastecimiento de combustible. El avión de 250 toneladas fue remolcado del hangar donde fue construido por la empresa Scaled Composites, fundada por Burt Rutan. El Stratolaunch es el avión más grande del mundo en cuanto a su envergadura ya que mide 117 metros más grande que un campo de futbol americano de la NFL. El avión mide 72 metros de nariz a empenaje y 15 metros de alto. Está equipado con seis motores usados de Boeing 747 y será tripulado por dos pilotos y un ingeniero de vuelo. Durante las semanas pasadas, se retiró toda la infraestructura de fabricación del Stratolaunch, incluido el andamio de tres pisos de altura que rodeaba al avión y por primera vez el peso completo de la aeronave descansó sobre sus 28 ruedas. Este fue un paso crucial en la preparación de la aeronave para comenzar las pruebas en tierra, de motores, pruebas de rodaje y finalmente el primer vuelo. El avión es el resultado de un proyecto desarrollado por la compañía Stratolaunch Systems, del multimillonario y cofundador de Microsoft Paul Allen. Allen empezó el proyecto en 2011 junto al ingeniero Burt Rutan, quien también desarrolló la SpaceShipOne, de Virgin Galactic, el primer vehículo comercial que completó un vuelo suborbital en 2004. El primer vuelo de demostración del Stratolaunch estaba programado para 2016, pero debido a problemas de diseño y potencia en los motores tuvieron que aplazarlo. «Esto marca el fin de la fase inicial de construcción de la aeronave y el comienzo de la fase de pruebas en tierra, motores y taxeo (desplazamiento por pista) antes del primer vuelo«, dijo Jean Floyd, consejero delegado de la empresa, en un comunicado con motivo del inicio de la fase de pruebas. La aeronave que se diseñó para lanzar cohetes al espacio cuenta con dos cabinas, su peso es de aproximadamente 227 toneladas sin carga, pero será capaz de moverse con un peso máximo de poco menos de 600 toneladas, resulta llamativo que para su despegue necesitará al menos 3,6 kilómetros de pista, mientras que un avión comercial sólo necesita poco más de 2 kilómetros. Un aspecto que juega a favor del Stratolaunch es que, en comparación con los cohetes reutilizables, puede volver a usarse con un mantenimiento mínimo. A largo plazo, el objetivo de Stratolaunch Systems es apoyar en misiones tripuladas para la NASA. La empresa de Paul Allen asegura que podrá cobrar hasta un 70% menos de lo que actualmente cobran los rusos por llevar astronautas estadounidenses al espacio. Una vez la aeronave esté en el aire, el plan consiste en subir hasta una altitud máxima de 10,6 kilómetros (35.000 pies), poner la carga en órbita y volver. Algo similar a lo que hacen SpaceX y Blue Origin con sus cohetes reutilizables, la diferencia es que aquí se utilizará un avión de gigantes proporciones. Según Allen, los cohetes que hasta el momento han utilizado empresas como SpaceX o Blue Origin resultan muy costosos. Además, la cantidad de combustible requerida también es muy alta la idea es que con lanzamientos desde el avión reducir los costos. Jean Floyd, también agregó en su comunicado que la compañía ha dado un paso histórico en su trabajo para alcanzar la visión que tuvo Paul Allen: «Normalizar el acceso a la órbita baja de la Tierra«. Si las pruebas de tierra y vuelo en el aeródromo de Mojave resultan satisfactorias, el avión comenzará sus misiones en 2019.
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Airbus Defence and Space, ha firmado un nuevo contrato con la Agencia Espacial Europea (ESA) relativo al desarrollo y fabricación del segundo módulo de servicio europeo (ESM, por sus siglas en inglés) destinado a la nave Orion de la NASA. El volumen del contrato asciende aproximadamente a 200 millones de euros. El ESM es un elemento crucial de la cápsula Orion de próxima generación que, por primera vez desde el final del programa Apolo, llevará a astronautas más allá de la órbita baja terrestre. El módulo suministra propulsión, energía eléctrica y control térmico, y proporciona agua y oxígeno a los astronautas en misiones tripuladas dirigidas a lugares más allá la Luna, como puede ser Marte. El ESM está situado debajo del módulo de la tripulación. En noviembre de 2014, la ESA seleccionó a Airbus Defence and Space como contratista principal para desarrollar y construir el primer ESM. “Gracias a este nuevo contrato seguiremos trabajando con gran motivación apoyando la misión pionera de espacio profundo de la NASA. Nuestros clientes, la ESA y la NASA, y nuestro socio industrial, Lockheed Martin Space Systems, confirman la confianza que en su momento depositaron en nuestro know-how y en nuestras habilidades de cara al desarrollo y la construcción del primer módulo de servicio europeo”, declaró Nicolas Chamussy, Responsable de Space Systems. “Suministramos productos avanzados y fiables y gracias a este programa y a las continuas inversiones que realizamos, somos capaces de mantener nuestro liderazgo tecnológico”. En el modelo de vuelo del ESM se integran más de 20.000 piezas y componentes, entre los que se encuentran equipamiento eléctrico, motores cohete, paneles solares, tanques de combustible, consumibles de soporte vital y cientos de metros de cables y tuberías. La integración del primer modelo de vuelo está en marcha desde mayo de 2016 y el inicio de la integración del segundo modelo de vuelo está programado para mediados del próximo año. Al segundo vuelo de prueba del vehículo Orion, y su primero a bordo del cohete Space Launch System de la NASA, se le conoce como Exploration Mission 1. Esta misión no será tripulada y llevará la nave a más de 64.000 kilómetros de la Luna para demostrar el rendimiento del vehículo. La primera misión tripulada, Exploration Mission 2, tendrá lugar en 2021. La cápsula Orion está concebida para llevar a los astronautas más lejos de lo que habían ido nunca antes en la historia. El ingenio espacial de investigación llevará a la tripulación al espacio, proporcionará capacidad para abortar la misión en caso de emergencia, abastecerá a los astronautas durante el viaje y posibilitará una reentrada segura a pesar de las velocidades de retorno extremadamente elevadas que se producen desde el espacio profundo. Con las misiones previstas más allá de la Luna, incluyendo asteroides dirigidos a la órbita lunar, la NASA reúne las capacidades para enviar humanos a Marte, vislumbrando una nueva era en la exploración espacial. El ESM tiene forma cilíndrica y mide unos cuatro metros tanto de diámetro como de altura. Al igual que el vehículo de transferencia automatizado (ATV, por sus siglas en inglés), está equipado con cuatro paneles solares distintivos (de 19 metros de envergadura cuando están desplegados), que generan suficiente energía para abastecer a dos hogares. Sus 8,6 toneladas de combustible propulsarán un motor principal y 32 motores más pequeños. El ESM tendrá una masa total de poco más de 13 toneladas. Además de aportar el principal medio de propulsión a la cápsula Orion, el ESM será responsable de las maniobras orbitales y del control de actitud. También suministrará los elementos principales del sistema de soporte vital de la tripulación, como agua y oxígeno, y proporcionará control térmico mientras está acoplado al módulo de la tripulación. El módulo de servicio, que no va presurizado, también puede utilizarse para transportar carga adicional. Para el desarrollo y la construcción del módulo ESM, Airbus Defence and Space está aprovechando la amplia experiencia que adquirió como contratista principal del vehículo ATV no tripulado de la ESA, que abasteció regularmente a las tripulaciones de la Estación Espacial Internacional (ISS) de equipamiento para experimentos, piezas de recambio, alimentos, oxígeno y agua, además de combustible. Con Información e imagenes de Airbus Defence and Space
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Cinco estudiantes mexicanos que realizaron un curso intensivo en la Universidad Espacial Internacional (ISU) en Australia, y que han sido ganadores de varias distinciones internacionales en el marco de actividades realizadas y gestionadas por la Agencia Espacial Mexicana (AEM), han regresado a México a fin de continuar sus estudios y compartir su experiencia y conocimientos con otros estudiantes. De vuelta en nuestro país, fueron recibidos por el Director General de la AEM, Dr. Javier Mendieta Jiménez, quien reconoció ampliamente a los entusiastas estudiantes de ingenierías mecánica, Tania Robles; en computación, Yessica Reyes; industrial, Juan Carlos Mariscal; eléctrica-electrónica, Luis Ángel Castellanos; y, mecatrónica, Genaro Marcos Acosta, todos orgullosamente de la Universidad Nacional Autónoma de México. Mendieta recordó que estos jóvenes talentos han destacado en actividades de los principales organismos mundiales de la materia espacial como el Space Generation Advisory Council (SGAC), apoyado por la Oficina de Naciones Unidas para los Asuntos del Espacio Exterior (ONU-UNOOSA), o el ISEB (International Space Education Board), fundado por las agencias espaciales estadounidense (NASA), europea (ESA), japonesa (JAXA), y canadiense (CSA). Destacó, también, su participación en el International Astronautical Congress (IAC 2016), evento inaugurado en septiembre pasado por el secretario de Comunicaciones y Transportes y donde obtuvieron el premio internacional “Hans von Muldau Team Award” de manos del Presidente de la Federación Internacional de Astronáutica (IAF), Jean-Yves LeGall. Ahora, enfatizó, estos cinco jóvenes regresan a nuestro país tras convertirse en los primeros mexicanos en ser aceptados en el “Southern Hemisphere Space Studies” de la ISU, un exclusivo programa intensivo internacional que admitió sólo a 39 estudiantes de 11 nacionalidades, para ser instruidos por alrededor de 50 expertos de primer nivel de las agencias espaciales y organismos del globo, y que se llevó a cabo en la ciudad de Adelaide, Australia. “Estos cinco estudiantes son ejemplares, pues han obtenido valioso conocimiento del rubro espacial en ingeniería y tecnología, aplicaciones y servicios espaciales, ciencias biológicas espaciales, política, economía, administración y negocios espaciales, entre otros, y jamás se detuvieron ante ningún reto para su generosa meta, que es, justamente, compartir este conocimiento con otros jóvenes”, reconoció Mendieta. Y es que los jóvenes refrendaron su compromiso y acordaron una agenda colaborativa con la AEM para realizar diversas actividades, programas y cursos relacionados con la divulgación de la ciencia y para compartir su conocimiento con otros jóvenes y niños, a fin de fomentar y orientar sus vocaciones en el sector espacial, así como comenzar a vincular proyectos con la industria. “Todo esfuerzo tiene su recompensa. Estamos muy felices de haber representado a México y queremos compartir todo lo que aprendimos. Es vital que México cuente con un mayor número de estudiantes e instituciones interesadas en el desarrollo espacial, pues hay mucho interés internacional en nuestro potencial como país”, expresó la joven Tania Robles, a nombre de sus compañeros. Los jóvenes concluyeron explicando su trabajo desarrollado acerca de los grandes beneficios socio-económicos que los satélites miniaturizados de nueva tecnología traerán a las naciones, al tiempo que destacaron que el desarrollo de México en el sector espacial, fue usado como caso de estudio en ISU por expertos internacionales como el Dr. Omar Hatamleh de NASA y otros, por su importante impulso los últimos años, desde la plena entrada en funciones de la AEM. “Fue un gran orgullo haber demostrado con nuestro trabajo, que en México tenemos estudios y capacidades de ingeniería comparables en nivel al de otros países como Alemania o India, y sobre todo, haber dejado atrás el viejo estereotipo del mexicano; cuando nos fuimos de ISU nos dijeron que algo tenían que aprender para hacer las cosas como nosotros, que quieren más mexicanos allá”, afirmó sonriente el joven Luis Ángel Castellanos. Para conocer más de la Universidad Espacial puedes consultar el enlace http://www.isunet.edu/
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Un estudiante de sexto semestre de física de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Yair Israel Piña López, quien se convirtió a sus 20 años en el investigador más joven de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), ahora será parte de tripulación 180 en la Estación de Investigación del Desierto de Marte. (The mars desert research station) Por su excelente expediente académico, el joven estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) participará del 29 de abril al 14 de mayo en una misión de trabajo en la que estará bajo condiciones similares a las del planeta rojo. Esta estación, establecida y operada por la Sociedad de Marte para promover la exploración y el asentamiento de dicho planeta, se ubica en el desierto de Utah, en Hanksville, Estados Unidos. Debido a la similitud del desierto del sitio referido con el terreno del planeta rojo, se desarrollan tácticas y se estudia el terreno, mientras que todas las exploraciones exteriores se hacen con trajes espaciales y tanques de oxígeno. Además, el personal vive en una pequeña base de comunicaciones con limitaciones de electricidad, comida, oxígeno y agua, pues todo lo necesario para sobrevivir debe producirse, arreglarse y reemplazarse ahí mismo. Yair compatirá la misión con otros cinco tripulantes. Gracias a su trabajo sobre el desarrollo de materiales con propiedades termoluminiscentes para la medición de radiación en el espacio, Piña López fue aceptado por la NASA como estudiante-investigador. En 2015 fue aceptado para intervenir en el programa Orión de la NASA, y a la par formuló su primer artículo científico referente a dosimetría espacial (medición de la radiación en el espacio). Además, fue llamado a integrarse al “Project Pilot Manager” en la Universidad de Samara, Rusia, para desarrollar un componente satelital y medir la cantidad de iones en la ionósfera. Cursó los estudios equivalentes a la secundaria en el sistema de Iniciación Universitaria, que se imparte exclusivamente en la preparatoria 2 de la UNAM. Desde entonces empezó su interés por las ciencias. Para ello fue pieza clave el consejo de su abuelo materno, Alberto Israel López Negrete, ya fallecido, quien fue su guía y consejero para que se acercara a esas disciplinas. Su madre fue fundamental para que Yair se apasionara por la física. Un día lo retó y le dijo que le demostrara que era bueno para el estudio de esa disciplina. Fue así como el joven comenzó a desarrollar un detector de radiación ionizante de partículas cargadas. Con el paso del tiempo y el apoyo de la Facultad de Ciencias y el Instituto de Ciencias Nucleares mejoró esa innovación, gracias a la cual fue seleccionado para sumarse al proyecto de la Sociedad de Marte, los experimentos que tendrá a su cargo son, entre otros, un protocolo para determinar la radiación en ambientes marcianos, que servirá de ayuda para los futuros astronautas en Marte (cuya misión tripulada podría darse entre 2030 y 2033). Junto con sus compañeros de misión, realizará caminatas con los mismos vehículos y trajes especializados que se utilizarían en Marte para efectuar una verdadera simulación, enfrentándose a temperaturas menores a los 10 grados centígrados, poca agua y escasos alimentos. En el planeta rojo, dice, se recibe un tercio más de radiación que en la Tierra, debido a que esa atmósfera es más delgada. El constante trabajo lo ha llevado a donde está. En cuatro meses el joven se volvió famoso y en la UNAM algunos lo llaman “el rockstar de la aeronáutica”. Apenas en octubre fue electo por la NASA como estudiante-investigador. Después de publicar un artículo en la revista científica Journal of Physics. La Universidad de Samara en Rusia buscó al joven mexicano para desarrollar un componente satelital, que le permitió realizar estudios en aquel país. Su investigación sobre radiación en el espacio, se realizó en la unidad de irradiación y seguridad radiológica, del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN), donde observó el comportamiento de la radiación y la afectación que ésta puede generar en la salud de los astronautas. Para contrarrestar cualquier afectación, López propuso un detector activo para diversos tipos de radiación como uranio natural y estroncio 90. El primero significa un riesgo para la salud de la persona, debido a que su exceso puede ocasionar la muerte por envenenamiento, así como interrumpir el funcionamiento de las células, generar cáncer y mutaciones genéticas. También advirtió riesgos por altos niveles del compuesto Estroncio 90, que puede generar afectaciones de crecimiento en los huesos y puede afectar su función; así como la piel, los ojos y el corazón.
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México desde 1966 ha sido pionero en el uso de tecnologías satelitales, con la adquisición de la primera estación terrena como medio para establecer la comunicación satelital. En 1985 México obtiene las sus primeras posiciones orbitales geoestacionarias, generando la puesta en orbita de la primera generación de satélites mexicanos: el Sistema Morelos. En los noventa se colocan en orbita los satélites Solidaridad 1 y Solidaridad 2 (segunda generación), permitiendo brindar servicios satelitales tanto fijos como móviles. Recientemente, Mexico inicio el desarrollo del Sistema Satelital Mexicano (MEXSAT), el cual es la nueva generación de satélites mexicanos conformados por: Mexsat 1 (Centenario), nombrado así como parte de los festejos del centenario del inicio de la Revolución Mexicana, el cual fue identificado originalmente sólo como el MexSat 1, fue diseñado como el principal satélite para el servicio móvil de la red MEXSAT, era un Boeing 702 HP, el cual estaba planeado para ser colocado en la órbita 113W, en el verano de 2015. Este satélite tenía una vida útil estimada de 15 años. El día 16 de mayo de 2015, apenas a 490 segundos después de su lanzamiento, un fallo en la tercera etapa del cohete portador Proton-M, provocó el reingreso a la Tierra del mismo, incluido el satélite MexSat 1, desde una altura de aproximadamente 170 kilómetros, desintegrándose al reingresar a la atmósfera cayendo los restos en Siberia. Mexsat 2 (Morelos III), nombrado así como continuación de los primeros dos satélites mexicanos puestos en órbita y que fue identificado originalmente sólo como el MexSat 2, es el satélite secundario para el servicio móvil de la red MEXSAT. El satélite está basado en el bus Boeing 702 HP GeoMobile y fue lanzado el 2 de octubre de 2015 a las 10:28 UTC a bordo de un cohete Atlas V 421 AV-059 por United Launch Alliance y ocupa la posición 116.8W en órbita geoestacionaria 7. Este satélite tendrá una vida útil estimada de 15 años. Mexsat 3 (Bicentenario), nombrado así como parte de los festejos del bicentenario del Grito de Independencia, el cual fue identificado originalmente sólo como el MexSat 3, es el primero de los satélites de la red MEXSAT en ponerse en órbita el 19 de diciembre de 2012. Este satélite sirve de controlador de los otros dos satélites de la red. Es un satélite para servicio fijo de la plataforma STAR-2 y fue fabricado por la compañía Orbital Sciences Corporation. Ocupa la longitud 114.9 W,8 y fue puesto en órbita a bordo de un cohete Ariane 5 desde la base de Kourou en Guayana Francesa. El sistema cuenta con dos Centros de Telemetría y Control para la operación de los satélites, ubicados en Iztapalapa, en la ciudad de México, y en la ciudad de Hermosillo, Sonora. Este último será inaugurado la próxima semana. La pérdida del Centenario es subsanada con la posterior puesta en órbita de su satélite gemelo el Morelos III. Asimismo, dado que el Centenario estaba asegurado ante cualquier eventualidad, el gobierno mexicano recuperaría la inversión para construir y poner eventualmente en órbita un reemplazo.
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Por: José Antonio Quevedo El 21 de julio de 2011, las ruedas del último Transbordador Espacial de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de los Estados Unidos (NASA), el Atlantis tocaron la pista del Centro Espacial Kennedy, a las 05:57 locales (04:57 hora de México), tras un descenso de 65 minutos desde su última órbita. El Transbordador Espacial era un sistema de lanzamiento reutilizable, desarrollado por la NASA después del programa Apolo que llevo al hombre a la Luna, no se parecía a ninguna nave construida anteriormente, semejándose más a un avión ya que podía llegar al espacio como un cohete pero, utilizando su forma alada y aerodinámica descendería a través de la atmósfera para aterrizar en una pista, tal y como lo haría un avión comercial. En órbita, el transbordador espacial giraba alrededor del planeta a unos 28.000 kilómetros por hora, lo que significa que su tripulación veía un amanecer o un anochecer cada 45 minutos. Tras su despegue desde el Centro Espacial John F. Kennedy en Florida, una misión promedio del transbordador duraba entre diez días y dos semanas dependiendo del programa de experimentos científicos. También se llevaban a cabo diferentes tareas, como la reparación de satélites y la construcción, de la Estación Espacial Internacional. Cada uno de los transbordadores contaba para dichas funciones con el equipo especial necesario, entre el que destacaba un brazo manipulador exterior. El 12 de abril de 1981, John Young y Robert Crippen dieron comienzo al programa del transbordador espacial al pilotar el primer transbordador, el Columbia hacia el espacio y conseguir volver dos días después. Dos años después, la astronauta Sally Ride pasó a ser la primera mujer estadounidense en el espacio, como parte de la tripulación del Challenger. La flota se integro con 4 transbordadores llamados, Columbia, Challenger, Discovery y Atlantis, a la que después se integro el Endevour como reemplazo del Challenger, en ingles el sistema se denominaba Space Transport System o STS. Un quinto transbordador el Enterprise, fue usado para pruebas de vuelo y planeo en la tierra y nunca llego al espacio. El programa del transbordador espacial, por su gran número de misiones, se puede considerar un éxito, aunque está enmarcado por dos grandes tragedias; en 1986, el Challenger se desintegró pocos segundos después del lanzamiento, provocando la muerte de los siete miembros de la tripulación. La causa del accidente fue una junta defectuosa en el cohete impulsor. El programa del transbordador espacial se suspendió tras este accidente, y no se lanzaron más transbordadores durante casi tres años. El programa resurgió en abril de 1990 con el éxito de la misión del Discovery. Los astronautas de este vuelo memorable colocaron el Telescopio Espacial Hubble en órbita. En 1995, el transbordador Atlantis consiguió acoplarse a la estación espacial rusa Mir, uniendo los dos grandes programas espaciales en una época de cooperación, que contrasta claramente con la carrera espacial de otros tiempos. Los vuelos continuaron rutinariamente hasta que en febrero de 2003, la tragedia sacudió de nuevo el programa, cuando se perdió un segundo transbordador. El Columbia se desintegró sobre Texas reentrando a la atmosfera, a tan sólo 16 minutos de la hora de aterrizaje prevista. Los siete miembros de la tripulación fallecieron. La destrucción del Columbia y la muerte de sus siete tripulantes demostraron que, a pesar del centenar de misiones completadas durante 22 años de servicio, el transbordador espacial seguía siendo un vehículo experimental, sumamente complejo y definitivamente riesgoso. La magnitud de la tragedia no impidió que poco tiempo después comenzaran a arreciar las primeras críticas contra el programa espacial: a la vista de muchos estadounidenses, la NASA no tenía una misión lo suficientemente definida. Abocada desde 1998 a la construcción de la Estación Espacial Internacional (EEI) la NASA se vio obligada a suspender de inmediato los lanzamientos tripulados por un período de dos años y medio, mientras sus especialistas investigaban y solucionaban las causas que llevaron a la catástrofe. Esto ocasionó algunos roces inevitables con los socios internacionales del proyecto, particularmente con Rusia, que debió compensar la ausencia de los transbordadores con lanzamientos adicionales de sus naves Soyuz y Progress a fin de mantener mínimamente operativo el complejo orbital y asegurar el transporte de sus ocupantes desde y hacia la Tierra. El verdadero problema con el transbordador espacial era su diseño; fundamentalmente inseguro, ya que existían partes de la nave, peligrosamente expuestos al fuego y a escombros. Además el transbordador no tenía capacidad de expulsión durante los dos primeros minutos del despegue, lo cual era peligroso para la tripulación. La comisión para indagar sobre el accidente del Challenger revelo en su investigación que había varios problemas de seguridad y que además el control de misión había realizado varias decisiones erróneas que llevaron a la fatal catástrofe. Pero la comisión decidió ignorar los problemas de diseño de la nave ya que el programa solo había existido por 5 años y representaba una inversión muy grande. En vez de tener que lidiar con convencer a una nación de seguir con un programa que era inherentemente inseguro el gobierno prefirió seguir adelante con el sistema de transbordadores a pesar de sus problemas. Una vez más se formo una comisión para investigar el accidente del transbordador Columbia, y esta vez los investigadores no le tuvieron piedad al diseño; concluyendo que el problema con el programa era que intentaba hacer demasiadas cosas al mismo tiempo con tal de satisfacer las necesidades y demandas de muchos grupos políticos a la vez. El transbordador estaba diseñado para ser reusable y así hacer varias misiones al año, todo esto con bajos costos de mantenimiento. Al final la complejidad de todas estas metas de diseño creó un producto técnicamente no realista y por lo tanto inseguro. Esta fue la razón por la cual 30 años después el proyecto se cancelo. Con el retiro del transbordador, los vuelos tripulados a la órbita baja de la tierra y a la EEI, dependieron, en su totalidad de Rusia y su nave Soyuz. Como resultado de la
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