MÉXICO AEROESPACIAL 
Redacción. – Construir un gran avión de transporte militar desde cero no es tarea fácil. La complejidad de concebir, diseñar, fabricar y ensamblar más de un millón de piezas individuales para crear semejante máquina voladora es, cuanto menos, todo un desafío. A principios de 2026, se conoció que México sería el primer país de América Latina en operar el C-130J-30 Super Hercules, una adquisición estratégica que busca modernizar la flota para misiones de transporte táctico, evacuación aeromédica y ayuda humanitaria. Se proyecta que la primera unidad sea entregada oficialmente para noviembre de 2027 o inicios de 2028. Pero como se construye esta enorme aeronave de transporte, la producción se concentra principalmente en la planta de Lockheed Martin en Marietta, Georgia, Estados Unidos. Su fabricación integra tecnologías digitales modernas con la robustez estructural clásica que lo ha hecho famoso por décadas. La comparación entre el C-130A original de 1954 y el actual C-130J deja ver una evolución importante, con mejoras que incluyen los cuatro motores Rolls-Royce AE2100D3 y las hélices GE-Dowty Aerospace R391 de seis palas de material compuesto, que ofrecen una eficiencia de combustible y un rendimiento en condiciones de alta temperatura y altitud significativamente mejorados, adema de una cabina de cristal y aviónica avanzada. Estas características dieron como resultado mayores niveles de automatización a bordo y el cambio de una tripulación de cabina de cuatro personas a una de dos, con capacidad opcional para un ingeniero de vuelo/navegante. Gran parte de la estructura del nuevo C-130J está hecha de aluminio extruido que es muy resistente, también se usa titanio para los soportes del motor usando materiales compuestos en los flaps y los carenados que rodean las alas. La línea de producción comienza con la fabricación de las alas exteriores. Es un proceso de seis meses que incluye elementos como la protección balística para los tanques de combustible. Las alas se construyen en tres partes principales, incluida la caja central del ala, que es donde las alas se unen al fuselaje de acuerdo con el personal de producción de Lockheed Martin. Después se construye por separado la sección delantera y la cabina para posteriormente unir la sección delantera, el fuselaje central y la cola, en ese proceso se integran los seis kilómetros de cableado que se utilizan en cada C-130J. La construcción de un Hércules lleva aproximadamente un año y se tienen hasta 20 en promedio en producción simultáneamente Aunque el ensamblaje final del C-130 se lleva a cabo en Marietta, muchos de sus componentes principales se fabrican en otras instalaciones de Lockheed Martin o por subcontratistas. Los laterales y el piso del fuselaje y otros componentes importantes se fabrican en plantas de la empresa y luego se trasladas a Marietta. Contratistas internacionales también participan Tata, en India, fabrica los estabilizadores horizontales y verticales; Quikstep, en Australia, fabrica los flaps de las alas; y Hellenic Aerospace Industries, en Grecia, produce el módulo del fuselaje para la variante alargada del C-130-30, que cuenta con 55 pies de longitud en el compartimento de carga. Finalmente, los nuevos C-130J son entregados al equipo de pruebas de producción en Marietta a medida que salen de la línea de montaje. Se exige una serie rigurosa de pruebas en tierra y en vuelo antes de que las aeronaves sean entregadas a sus respectivos clientes. Lockheed Martin también prepara a los clientes del C-130 para operar la aeronave y cuenta con un gran Centro de Entrenamiento del Hércules en Marietta. Este se utiliza para entrenar a las tripulaciones y al personal de mantenimiento en las particularidades del C-130. Imágenes Lockheed Martin
READ MORE
Por José A. Quevedo Con la noticia de que Brasil busca F-16 de segunda mano dado el trato que cerro Argentina por 24 aviones ex daneses por solo 300 millones de dólares, ¿no sería conveniente para México buscar un trato similar? Dado el resultado de las elecciones mexicanas en el que habrá continuidad de las políticas públicas y no se esperan grandes cambios, tal vez sería necesario replantear la defensa aérea mexicana dejando atrás las posibles inversiones que traería una compra de aviones nuevos para impulsar a los clústeres aeroespaciales mexicanos para la incorporación de un nuevo caza dadas las enormes sumas de tiempo y dinero a invertir. Si Brasil que cuenta con un extraordinario y extenso programa de transferencia de tecnología con la adquisición del Gripen, ha volteado a ver lo que su vecino del sur ha hecho, incorporando una nueva flota supersónica a un precio módico, tal vez es tiempo de cambiar el enfoque en México. Ya que México se cambió la visión 2030 en la que el Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos se encontrarían dotados de recursos humanos, materiales, tecnológicos e informáticos de alta calidad, acordes a la potencialidad del país, al 2040, tendríamos que replantearnos si la Fuerza Aérea Mexicana debería contar con una aeronave de transición que le permitirá abonar a la defensa aérea sin un gran desembolso como lo hizo Argentina en tanto se define la posibilidad de incorporar un nuevo interceptor con mayores capacidades para cumplir con el objetivo después del 2030. Aunque ahora los F-16 disponibles de las flotas de la OTAN se encuentran comprometidos para apoyar el esfuerzo de guerra contra la invasión rusa, en Ucrania, tal vez sería posible ubicar algunos F-16, con capacidades OTAN y horas de vuelo en Oriente Medio, Europa y los Estados Unidos que pudieran servir para apuntalar por algunos años a la flota de defensa mexicana a un costo razonable en tanto se concreta la incorporación del nuevo interceptor para la Fuerza Aérea Mexicana. Esta opción, aunque viable no es la mejor si consideramos que la adquisición de un avión de combate moderno traeria los múltiples beneficios a la industria aeroespacial mexicana, si se negocia correctamente, tal y como lo hemos platicado anteriormente, pero dadas las nuevas condiciones políticas creo que tenemos que poner el tema sobre la mesa, aunque no sea la mejor opción, aunque es mejor que no tener nada y pasar años sin aviación supersónica como la Argentina. Comprar usado ya lo ha hecho antes, la Fuerza Aérea Mexicana cuando adquirió los helicópteros CH-53E usados para transporte pesado y que sirvieron solo en un periodo de 10 años en tanto se podía contar con una aeronave nueva como lo son ahora los H-225M Cougar del Escuadrón Aéreo 101. Ahora bien, ¿si el gobierno mexicano puede comprar de golpe 20 aviones Embraer por un precio de 1,400 millones de dólares, no vemos por qué no se podrían desembolsar 300 millones para la compra de aviones F-16 para reforzar la flota de combate mexicana?
READ MORE