• Vuelven estudiantes mexicanos de la “ISU” Universidad Espacial Internacional

    Vuelven estudiantes mexicanos de la “ISU” Universidad Espacial Internacional0

    Cinco estudiantes mexicanos que realizaron un curso intensivo en la Universidad Espacial Internacional (ISU) en Australia, y que han sido ganadores de varias distinciones internacionales en el marco de actividades realizadas y gestionadas por la Agencia Espacial Mexicana (AEM), han regresado a México a fin de continuar sus estudios y compartir su experiencia y conocimientos con otros estudiantes. De vuelta en nuestro país, fueron recibidos por el Director General de la AEM, Dr. Javier Mendieta Jiménez, quien reconoció ampliamente a los entusiastas estudiantes de ingenierías mecánica, Tania Robles; en computación, Yessica Reyes; industrial, Juan Carlos Mariscal; eléctrica-electrónica, Luis Ángel Castellanos; y, mecatrónica, Genaro Marcos Acosta, todos orgullosamente de la Universidad Nacional Autónoma de México. Mendieta recordó que estos jóvenes talentos han destacado en actividades de los principales organismos mundiales de la materia espacial como el Space Generation Advisory Council (SGAC), apoyado por la Oficina de Naciones Unidas para los Asuntos del Espacio Exterior (ONU-UNOOSA), o el ISEB (International Space Education Board), fundado por las agencias espaciales estadounidense (NASA), europea (ESA), japonesa (JAXA), y canadiense (CSA). Destacó, también, su participación en el International Astronautical Congress (IAC 2016), evento inaugurado en septiembre pasado por el secretario de Comunicaciones y Transportes y donde obtuvieron el premio internacional “Hans von Muldau Team Award” de manos del Presidente de la Federación Internacional de Astronáutica (IAF), Jean-Yves LeGall. Ahora, enfatizó, estos cinco jóvenes regresan a nuestro país tras convertirse en los primeros mexicanos en ser aceptados en el “Southern Hemisphere Space Studies” de la ISU, un exclusivo programa intensivo internacional que admitió sólo a 39 estudiantes de 11 nacionalidades, para ser instruidos por alrededor de 50 expertos de primer nivel de las agencias espaciales y organismos del globo, y que se llevó a cabo en la ciudad de Adelaide, Australia. “Estos cinco estudiantes son ejemplares, pues han obtenido valioso conocimiento del rubro espacial en ingeniería y tecnología, aplicaciones y servicios espaciales, ciencias biológicas espaciales, política, economía, administración y negocios espaciales, entre otros, y jamás se detuvieron ante ningún reto para su generosa meta, que es, justamente, compartir este conocimiento con otros jóvenes”, reconoció Mendieta. Y es que los jóvenes refrendaron su compromiso y acordaron una agenda colaborativa con la AEM para realizar diversas actividades, programas y cursos relacionados con la divulgación de la ciencia y para compartir su conocimiento con otros jóvenes y niños, a fin de fomentar y orientar sus vocaciones en el sector espacial, así como comenzar a vincular proyectos con la industria. “Todo esfuerzo tiene su recompensa. Estamos muy felices de haber representado a México y queremos compartir todo lo que aprendimos. Es vital que México cuente con un mayor número de estudiantes e instituciones interesadas en el desarrollo espacial, pues hay mucho interés internacional en nuestro potencial como país”, expresó la joven Tania Robles, a nombre de sus compañeros. Los jóvenes concluyeron explicando su trabajo desarrollado acerca de los grandes beneficios socio-económicos que los satélites miniaturizados de nueva tecnología traerán a las naciones, al tiempo que destacaron que el desarrollo de México en el sector espacial, fue usado como caso de estudio en ISU por expertos internacionales como el Dr. Omar Hatamleh de NASA y otros, por su importante impulso los últimos años, desde la plena entrada en funciones de la AEM. “Fue un gran orgullo haber demostrado con nuestro trabajo, que en México tenemos estudios y capacidades de ingeniería comparables en nivel al de otros países como Alemania o India, y sobre todo, haber dejado atrás el viejo estereotipo del mexicano; cuando nos fuimos de ISU nos dijeron que algo tenían que aprender para hacer las cosas como nosotros, que quieren más mexicanos allá”, afirmó sonriente el joven Luis Ángel Castellanos. Para conocer más de la Universidad Espacial puedes consultar el enlace http://www.isunet.edu/

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  • Las innovaciones ambientales en el  Dreamliner

    Las innovaciones ambientales en el Dreamliner0

    A lo largo de la era del jet, Boeing ha venido avanzando a paso sostenido en el mejoramiento del desempeño ambiental, que van desde el consumo de combustible y la emisión de gases hasta los niveles de ruido para las comunidades que sobrevuelan los aviones. Con el 787 Dreamliner, Boeing incorporó tecnologías novedosas tendientes a lograr un mejor desempeño medioambiental en sus aviones comerciales. El compromiso de la empresa de mejorar el desempeño ambiental de sus aviones está fincado en la convicción de que hacer lo correcto por el medio ambiente es además un buen negocio. Esto es especialmente válido en el caso de un fabricante de aviones, pues una de las muchas razones por las que el público decide volar es justamente para disfrutar la enorme variedad de riquezas y maravillas ambientales que hay en todo el mundo. Son cuatro las tecnologías que contribuyen a lograr la impresionante mejoría del 20 por ciento en el consumo de combustible para el 787 Dreamliner en comparación con otros aviones de tamaño similar. Nuevos motores, una mayor utilización de livianos materiales compuestos, aplicaciones de sistemas más eficientes y una moderna aerodinámica son factores que contribuyen, todos, al desempeño total del 787. El bióxido de carbono (CO2) se produce al consumir combustible. Esto significa que, al utilizar menos combustible, se logra una reducción equivalente en las emisiones de bióxido de carbono. Otra norma muy importante de emisiones en el caso de jets comerciales son los óxidos de nitrógeno (NOx). Hoy en día ya existen normas específicas para los aviones del futuro, calculadas mediante una compleja fórmula en función del empuje nominal de los motores del avión. El 787 fue diseñado para garantizar que opere muy por debajo de las normas actuales –más de 30 por ciento mejor que el 767—y  también de las reglamentaciones futuras, más estrictas, que están siendo incorporadas por el Comité para la Protección Medio ambiental en la Aviación (CAEP). Como bien saben quienes viven en las cercanías de un aeropuerto, abatir el ruido que producen los aviones durante el despegue y el aterrizaje es un criterio muy importante de desempeño medioambiental. Al igual que en el caso del consumo de combustible y las emisiones contaminantes, a lo largo de su historia Boeing ha trabajado para reducir la huella acústica de sus productos, es decir, la distancia a la que escuchan niveles de ruido molestos. El 787 Dreamliner utiliza varias tecnologías, la más importante de ellas en este sentido son tomas de aire de nuevo diseño y distintivos bordes serrados en la parte posterior de los motores, además de otros tratamientos especiales para los motores y su carenaje, a fin de garantizar que ningún ruido de 85 decibeles (aproximadamente el nivel que produce un tráfico intenso al escucharlo en la calle) llegue más allá de los límites del aeropuerto. De hecho, la huella acústica del 787 es más de 60 por ciento más pequeña que la de los aviones actuales de tamaño similar. La capacidad operacional del 787 Dreamliner también ofrece ventajas ambientales, pues permite a las aerolíneas ofrecer más vuelos directos para enlazar ciudades de tamaño mediano. Aunque los aviones de doble pasillo más grandes de hoy tienen la autonomía de vuelo necesaria para cumplir tales misiones, resultan demasiado grandes para operar rutas entre ciudades medianas de manera económica. Sin embargo, el 787, un avión mediano, puede operar con gran eficiencia enlazando estos pares de ciudades y eliminando la necesidad de despegues y aterrizajes adicionales. Llevar al pasajero más directamente a su destino final se traduce en varios beneficios medioambientales. Una ruta más directa consume menos combustible y, por consiguiente, produce menos emisiones. Asimismo, al requerirse un menor número de despegues y aterrizajes, se reduce la huella acústica total del avión. Y para los pasajeros que necesiten pasar por uno de los grandes centros de conexiones (hubs), eliminar tráfico “de paso” contribuye a que estos aeropuertos (y las vías aéreas que conducen a ellos) estén menos congestionados. Algunos estudios demuestran que entre 30 por ciento y 50 por ciento de todos los pasajeros en los grandes aeropuertos que operan como centros de distribución de vuelos sólo están ahí de paso, produciendo congestionamientos y otros impactos ambientales en una ciudad que no es ni su punto de origen ni su destino final. El 787 ha sido concebido para transportar pasajeros y carga desde su ciudad de origen hasta su destino final de la manera más eficiente desde el punto de vista ambiental. Debido a que el 787 está hecho principalmente de materiales compuestos de fibra de carbono, cuya materia prima se recorta como tela, los procesos de manufactura generarán menos material de desperdicio. Los aviones estaban hechos principalmente de aluminio, el cual debe ser trabajado y maquinado a partir de grandes láminas o bloques para crear la estructura del avión. En general, hasta el 90 por ciento del aluminio en bruto que se utiliza para fabricar piezas de avión se convierte en desperdicio durante el proceso de manufactura. Aunque este material puede ser reciclado, es mejor, en la medida de lo posible, evitar generar desperdicio. La solución que propuso el 787, a base de materiales compuestos, permite mejorar la eficiencia en este aspecto.    Boeing trabajó con empresas de todo el mundo para garantizar que se cuente con los procesos necesarios para permitir el reciclaje del 787 al término de su vida útil. Aunque los primeros aviones no se retirarán del servicio activo antes de 30 o 40 años, es importante trabajar desde ahora en preparación para ese momento. La combinación de su compromiso histórico con el mejoramiento del desempeño medioambiental de sus aviones y un esquema de ciclo de vida específico en el diseño de su nuevo avión, ha permitido a Boeing crear un transporte comercial súper eficiente. El 787, gracias en parte a su extraordinario desempeño ambiental, representa el lanzamiento más exitoso de un avión nuevo en la historia de la aviación comercial.

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  • Mexicano será parte de tripulación en la Estación de Investigación del Desierto de Marte.

    Mexicano será parte de tripulación en la Estación de Investigación del Desierto de Marte.0

    Un estudiante de sexto semestre de física de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Yair Israel Piña López, quien se convirtió a sus 20 años en el investigador más joven de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), ahora será parte de tripulación 180 en la Estación de Investigación del Desierto de Marte. (The mars desert research station) Por su excelente expediente académico, el joven estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) participará del 29 de abril al 14 de mayo en una misión de trabajo en la que estará bajo condiciones similares a las del planeta rojo. Esta estación, establecida y operada por la Sociedad de Marte para promover la exploración y el asentamiento de dicho planeta, se ubica en el desierto de Utah, en Hanksville, Estados Unidos. Debido a la similitud del desierto del sitio referido con el terreno del planeta rojo, se desarrollan tácticas y se estudia el terreno, mientras que todas las exploraciones exteriores se hacen con trajes espaciales y tanques de oxígeno. Además, el personal vive en una pequeña base de comunicaciones con limitaciones de electricidad, comida, oxígeno y agua, pues todo lo necesario para sobrevivir debe producirse, arreglarse y reemplazarse ahí mismo. Yair compatirá la misión con otros cinco tripulantes. Gracias a su trabajo sobre el desarrollo de materiales con propiedades termoluminiscentes para la medición de radiación en el espacio, Piña López fue aceptado por la NASA como estudiante-investigador. En 2015 fue aceptado para intervenir en el programa Orión de la NASA, y a la par formuló su primer artículo científico referente a dosimetría espacial (medición de la radiación en el espacio). Además, fue llamado a integrarse al “Project Pilot Manager” en la Universidad de Samara, Rusia, para desarrollar un componente satelital y medir la cantidad de iones en la ionósfera. Cursó los estudios equivalentes a la secundaria en el sistema de Iniciación Universitaria, que se imparte exclusivamente en la preparatoria 2 de la UNAM. Desde entonces empezó su interés por las ciencias. Para ello fue pieza clave el consejo de su abuelo materno, Alberto Israel López Negrete, ya fallecido, quien fue su guía y consejero para que se acercara a esas disciplinas. Su madre fue fundamental para que Yair se apasionara por la física. Un día lo retó y le dijo que le demostrara que era bueno para el estudio de esa disciplina. Fue así como el joven comenzó a desarrollar un detector de radiación ionizante de partículas cargadas. Con el paso del tiempo y el apoyo de la Facultad de Ciencias y el Instituto de Ciencias Nucleares mejoró esa innovación, gracias a la cual fue seleccionado para sumarse al proyecto de la Sociedad de Marte, los experimentos que tendrá a su cargo son, entre otros, un protocolo para determinar la radiación en ambientes marcianos, que servirá de ayuda para los futuros astronautas en Marte (cuya misión tripulada podría darse entre 2030 y 2033).  Junto con sus compañeros de misión, realizará caminatas con los mismos vehículos y trajes especializados que se utilizarían en Marte para efectuar una verdadera simulación, enfrentándose a temperaturas menores a los 10 grados centígrados, poca agua y escasos alimentos. En el planeta rojo, dice, se recibe un tercio más de radiación que en la Tierra, debido a que esa atmósfera es más delgada. El constante trabajo lo ha llevado a donde está. En cuatro meses el joven se volvió famoso y en la UNAM algunos lo llaman “el rockstar de la aeronáutica”. Apenas en octubre fue electo por la NASA como estudiante-investigador. Después de publicar un artículo en la revista científica Journal of Physics. La Universidad de Samara en Rusia buscó al joven mexicano para desarrollar un componente satelital, que le permitió realizar estudios en aquel país. Su investigación sobre radiación en el espacio, se realizó en la unidad de irradiación y seguridad radiológica, del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN), donde observó el comportamiento de la radiación y la afectación que ésta puede generar en la salud de los astronautas.  Para contrarrestar cualquier afectación, López propuso un detector activo para diversos tipos de radiación como uranio natural y estroncio 90. El primero significa un riesgo para la salud de la persona, debido a que su exceso puede ocasionar la muerte por envenenamiento, así como interrumpir el funcionamiento de las células, generar cáncer y mutaciones genéticas. También advirtió riesgos por altos niveles del compuesto Estroncio 90, que  puede generar afectaciones de crecimiento en los huesos y puede afectar su función; así como la piel, los ojos y el corazón.

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  • La Construcción de aviones en México; Proyecto Azteca

    La Construcción de aviones en México; Proyecto Azteca0

    La Subdirección General de Industria Aeronáutica Militar, de la SEDENA  está desarrollando el Proyecto Azteca, que incluye un avión prototipo y un lote experimental de dos aviones biplaza para el  adiestramiento básico de vuelo en la Escuela Militar de Aviación, con las siguientes características generales: Material compuesto con base de fibra de carbono 2 plazas lado a lado Hélice de velocidad constante de 2 palas Motor reciproco de 4 cilindros Tren de aterrizaje fijo tipo triciclo Aviónica Digital Es de señalar que el diseño final puede sufrir modificaciones tal y como lo externo el responsable del proyecto en entrevista con la revista América Vuela. La aeronave se encuentra dentro de la exposición temporal “100 Años de Industria Militar” dentro del Seminario «La Defensa Nacional del Estado Mexicano» ciclo 2016 que se llevo a cabo en la Universidad Anáhuac México, Campus Norte. En una entrevista  realizada por Jesús Aranda del Periódico la Jornada,  el General de División Genaro Fausto Lozano Director General de Industria Militar de la Secretaría de la Defensa Nacional, da algunos detalles sobre la construcción de aviones por parte de la SEDENA. En cuanto al proyecto de construir aviones de prácticas –que se prevé participen en el desfile del 16 de septiembre de 2018 los primeros tres prototipos–, relata que nuestro país tiene una rica cultura aeronáutica que se puede retomar, porque se cuenta con la capacidad, la tecnología y los recursos humanos suficientes. México, precisa, produjo aviones hasta 1924. “En aquel tiempo la industria aeronáutica era importante; se produjo una hélice Anáhuac, que era de madera y fue ampliamente reconocida e imitada en el mundo. Tuvimos el primer combate aeronaval en el mundo, con aviones producidos aquí, y el primer presidente en el mundo que voló en un avión de ese tipo fue Francisco I. Madero. “Desafortunadamente se paró este proyecto; había en ese tiempo un coronel estadunidense que fue contratado por el gobierno mexicano para impulsar el desarrollo de la industria aeronáutica en México, que se llamaba Ralph O’Neill. Los primeros años impulsó el tema, pero en el tercero o cuarto año les dijo a las autoridades de entonces que era mejor comprar los aviones que construirlos, que era más barato y más rápido. Le hicieron caso, lo que produjo prácticamente 90 años de atraso en la industria aeronáutica nacional”. Inicialmente se producirán tres aviones de adiestramiento de dos plazas para 2018; a partir de 2019 se espera empezar la línea de producción, y en 2020 contar con 35 aeronaves, de hélice, de aproximadamente 180 caballos de fuerza, para adiestramiento en el Colegio del Aire; posteriormente, escalar a una nave de cuatro plazas para transporte de mandos y así sucesivamente, hasta llegar a una de reacción; ese el proyecto para 2036. En el centenario de su creación, la industria militar puso en marcha un ambicioso proyecto: la construcción de aviones de adiestramiento para el Colegio del Aire y, en un plazo de 20 años, estar en condiciones de producir aviones de reacción (cazas) de capacidades similares a los que existan en ese momento en el mundo. Fotos Jorge Rocafort y Leonardo Atilano

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  • El Transbordador Espacial

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    Por: José Antonio Quevedo El  21 de julio de 2011, las ruedas del último Transbordador Espacial de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de los Estados Unidos (NASA), el Atlantis tocaron la pista del Centro Espacial Kennedy, a las 05:57 locales (04:57 hora de México), tras un descenso de 65 minutos desde su última órbita. El Transbordador Espacial era un sistema de lanzamiento reutilizable, desarrollado por la NASA después del programa Apolo que llevo al hombre a la Luna, no se parecía a ninguna nave construida anteriormente, semejándose más a un avión ya que podía llegar al espacio como un cohete pero, utilizando su forma alada y aerodinámica descendería a través de la atmósfera para aterrizar en una pista, tal y como lo haría un avión comercial. En órbita, el transbordador espacial giraba alrededor del planeta a unos 28.000 kilómetros por hora, lo que significa que su tripulación veía un amanecer o un anochecer cada 45 minutos. Tras su despegue desde el Centro Espacial John F. Kennedy en Florida, una misión promedio del transbordador duraba entre diez días y dos semanas dependiendo del programa de experimentos científicos. También se llevaban a cabo diferentes tareas, como la reparación de satélites y la construcción, de la Estación Espacial Internacional. Cada uno de los transbordadores contaba para dichas funciones con el equipo especial necesario, entre el que destacaba un brazo manipulador exterior. El 12 de abril de 1981, John Young y Robert Crippen dieron comienzo al programa del transbordador espacial al pilotar el primer transbordador, el Columbia  hacia el espacio y conseguir volver dos días después. Dos años después, la astronauta Sally Ride pasó a ser la primera mujer estadounidense en el espacio, como parte de la tripulación del Challenger.  La flota se integro con 4 transbordadores llamados, Columbia, Challenger, Discovery y Atlantis, a la que después se integro el Endevour como reemplazo del Challenger,  en ingles el sistema se denominaba Space Transport System o STS.  Un quinto transbordador el Enterprise, fue usado para pruebas de vuelo y planeo en la tierra y nunca llego al espacio. El  programa del transbordador espacial, por su gran número de misiones, se puede considerar un éxito, aunque está enmarcado por dos grandes tragedias; en 1986, el Challenger se desintegró pocos segundos después del lanzamiento, provocando la muerte de los siete miembros de la tripulación. La causa del accidente fue una junta defectuosa en el cohete impulsor. El programa del transbordador espacial se suspendió tras este accidente, y no se lanzaron más transbordadores durante casi tres años. El programa resurgió en abril de 1990 con el éxito de la misión del Discovery. Los astronautas de este vuelo memorable colocaron el Telescopio Espacial Hubble en órbita. En 1995, el transbordador Atlantis consiguió acoplarse a la estación espacial rusa Mir, uniendo los dos grandes programas espaciales en una época de cooperación, que contrasta claramente con la carrera espacial de otros tiempos. Los vuelos continuaron rutinariamente hasta que en febrero de 2003, la tragedia sacudió de nuevo el programa, cuando se perdió un segundo transbordador. El Columbia  se desintegró  sobre Texas reentrando a la atmosfera, a tan sólo 16 minutos de la hora de aterrizaje prevista. Los siete miembros de la tripulación fallecieron. La destrucción del Columbia y la muerte de sus siete tripulantes demostraron que, a pesar del centenar de misiones completadas durante 22 años de servicio, el transbordador espacial seguía siendo un vehículo experimental, sumamente complejo y definitivamente riesgoso. La magnitud de la tragedia no impidió que poco tiempo después comenzaran a arreciar las primeras críticas contra el programa espacial: a la vista de muchos estadounidenses, la NASA no tenía una misión lo suficientemente definida. Abocada desde 1998 a la construcción de la Estación Espacial Internacional (EEI) la NASA se vio obligada a suspender de inmediato los lanzamientos tripulados por un período de dos años y medio, mientras sus especialistas investigaban y solucionaban las causas que llevaron a la catástrofe. Esto ocasionó algunos roces inevitables con los socios internacionales del proyecto, particularmente con Rusia, que debió compensar la ausencia de los transbordadores con lanzamientos adicionales de sus naves Soyuz y Progress a fin de mantener mínimamente operativo el complejo orbital y asegurar el transporte de sus ocupantes desde y hacia la Tierra. El verdadero problema con el transbordador espacial era su diseño; fundamentalmente inseguro, ya que existían partes de la nave,  peligrosamente expuestos al fuego y a escombros. Además el transbordador no tenía capacidad de expulsión durante los dos primeros minutos del despegue, lo cual era peligroso para la tripulación. La comisión para indagar sobre el accidente del Challenger  revelo en su investigación que había varios problemas de seguridad y que además el control de misión había realizado varias decisiones erróneas que llevaron a la fatal catástrofe. Pero la comisión decidió ignorar los problemas de diseño de la nave ya que el programa solo había existido por 5 años y representaba una inversión muy grande. En vez de tener que lidiar con convencer a una nación de seguir con un programa que era inherentemente inseguro el gobierno prefirió seguir adelante con el sistema de transbordadores a pesar de sus problemas. Una vez más se formo una comisión para investigar el accidente del transbordador Columbia, y esta vez los investigadores no le tuvieron piedad al diseño; concluyendo que el problema con el programa era que intentaba hacer demasiadas cosas al mismo tiempo con tal de satisfacer las necesidades y demandas de muchos grupos políticos a la vez. El transbordador estaba diseñado para ser reusable y así hacer varias misiones al año, todo esto con bajos costos de mantenimiento. Al final la complejidad de todas estas metas de diseño creó un producto técnicamente no realista y por lo tanto inseguro. Esta fue la razón por la cual 30 años después el proyecto se cancelo. Con el retiro del transbordador, los vuelos tripulados a la órbita baja de la tierra y a la EEI, dependieron, en su totalidad de Rusia y su nave Soyuz. Como resultado de la

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