MÉXICO AEROESPACIAL 
Por: José A. Quevedo C La invención del avión trajo consigo, la necesidad de una serie de espacios indispensables para su correcto funcionamiento, que era un espacio plano y amplio para el despegue y aterrizaje ,en el cual se construyeron pistas y en las plataformas cercanas hangares, en los cuales se da mantenimiento a los aviones, incluyendo espacios para estacionamiento, torre de control, y un edificio terminal para recibir y despedir a los pasajeros, así como concentrar a los trabajadores de esta nueva actividad, siendo estos los principales componentes de un aeropuerto o puerto aéreo como se le llamó en sus inicios. Los aeropuertos pueden ser civiles o de carga; los dedicados a aeronaves militares son llamados bases aéreas. En México existen 18 bases aéreas militares, de las cuales una de las más importantes es la de Santa Lucía, situada al sur de la localidad de San Lucas Xolox en el municipio de Tecámac en el estado de México. Los terrenos donde se asentaba esta base pertenecieron a los frailes jesuitas, quienes formaron ahí la gran y extensa hacienda de Santa Lucía de 1576 a 1767, una de las fincas más prósperas y antiguas del valle de México. Posteriormente pasó a manos de particulares, cuando la adquirió el Conde de Regla, don Pedro Romero de Terreros, cuya descendencia la poseyó hasta 1811. La Fuerza Aérea Mexicana conserva hasta hoy su casco y capilla (1580 – 1596) como un museo de sitio. El 24 de noviembre de 1952 y como consecuencia del deterioro y lento abandono del campo aéreo militar de Balbuena (1915), se inauguró sobre los campos de la ex hacienda jesuita la Base Aérea Militar No. 1 “P. A. Alfredo Lezama Álvarez”. El presidente Miguel Alemán llegó en el avión presidencial “El Mexicano” aterrizando en una de las pistas; después de pasar revista a varios escuadrones y cadetes de la infantería, se dirigió al edificio central para develar la placa correspondiente. El comandante de la Fuerza Aérea Mexicana, general Antonio Cárdenas Rodríguez, agradeció al presidente toda la ayuda ofrecida durante su sexenio en especial “…esta magnífica base aérea que por la magnitud y eficiencia de sus instalaciones será la primera de nuestro país y tal vez de la América Latina…” Durante el evento, varios paracaidistas saltaron de aviones militares formando el nombre del presidente con las letras impresas en los paracaídas. El proyecto general de esta base contemplaba tres pistas de gran dimensión, una zona residencial destinada a pilotos y mecánicos; grandes hangares con estructura de acero importada de Estados Unidos; una serie de oficinas de operaciones al interior del edificio administrativo; secciones de talleres de 24 naves; torre de control con servicio de transmisiones por radio y eventos meteorológicos. De todo esto se llevaba un avance del 60 por ciento. Las escuelas dedicadas a mecánicos, meteorólogos, paracaidistas y miembros del Estado Mayor se concentrarían en la base aérea de Santa Lucía. A lo largo de sus 67 años de existencia, la Base Aérea Militar de Santa Lucía desarrollo importantes labores como establecer puentes aéreos que facilitan el traslado de víveres a aquellas zonas afectadas por fenómenos meteorológicos en beneficio de las poblaciones afectadas; facilitar actividades como el adiestramiento de vuelo, salto de paracaidistas y simuladores de vuelo. Por otra parte, fue testigo de la llegada a México de los primeros aviones a reacción (1960), los famosos Vampiro FMK-3 fabricados en Inglaterra; la creación del Centro Internacional de Aviación Civil inaugurado en 1982, mismo año en el cual arribaron los aviones supersónicos interceptores Northrop F-5E/F Tigre II, equipamiento nuevo de reciente construcción equipado con lo último en tecnología aeronáutica. En marzo de 1988 el equipo acrobático de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos “Los Thunderbirds” equipado con aviones F-16 Fighting Falcon ofreció una gran demostración en esta base militar, que fue abierta al público por primera vez, seguida de un espectáculo aéreo realizado por el Día de la Fuerza Aérea Mexicana el 10 de febrero de 1993. El éxito obtenido en este par de eventos motivó la celebración anual –a partir de 2011- de espectáculos aéreos públicos, y la Feria Aeroespacial México (FAMEX), donde el público tiene la oportunidad de admirar tanto los diversos transportes aéreos como las acrobacias de sus pilotos. La Base Aérea Militar No. 1 “P. A. Alfredo Lezama Álvarez”, que honra la memoria del primer piloto mexicano en lanzarse en paracaídas el 1 de mayo de 1928, es la más importante del país y alojaba las comandancias de las Alas de Combate y de Reconocimiento y Transportes; nueve escuadrones de vuelo integradas por más de 150 aeronaves; el complejo logístico de la Fuerza Aérea Mexicana y su Escuela Militar de Tropas Especialistas. Su pista principal contaba con 3.45 km de largo por 78 metros de ancho, capaz de recibir aviones de gran peso y dimensiones como el Galaxy C-5, Antonov An-124, Boeing 737-800 y el Hércules C-130 entre otros. Además de contar con diversos hangares y plataformas, donde operaba la Estación Meteorológica Militar No. 1. A partir del 2021 la base fue reubicada al sureste de esta con nuevas instalaciones, pero esa es otra historia.
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Redacción. – La autorización para adquirir misiles aire-aire AMRAAM AIM-120C-8 y equipar a los F-16 de la Fuerza Aérea Argentina, marca un antes y un después en la defensa aérea en Sudamérica ya que este misil tiene el potencial de modificar decisivamente el equilibrio del poder aéreo regional. Semanas atrás Argentina firmó la compra de un paquete de armamento asociado a la incorporación de 24 cazas F-16 Fighting Falcon provenientes de Dinamarca. El contrato, valorado en torno a 941 millones de dólares, incluye, entre otros sistemas, la compra de 36 misiles AMRAAM AIM-120C-8, junto con equipos de guía y bombas guiadas. Es así que esta adquisición posiciona a la Fuerza Aérea Argentina entre las pocas del continente capaces de operar misiles de combate aire-aire capaces de empeñar blancos más allá del alcance visual (BVR, Beyond Visual Range), con una capacidad tecnológica equiparable o superior a la de otros países de la región, como Brasil, Chile, Venezuela y Perú. El AIM-120C-8, fabricado por la compañía estadounidense Raytheon, representa la versión más moderna del misil AMRAAM destinada a exportación actualmente en servicio. Si bien hay variantes más sofisticadas del misil, suelen estar reservadas para las propias fuerzas de los Estados Unidos o para aliados selectos. Las características más relevantes incluyen AIM-120-C8 son: Alcance máximo: supera los 160km en condiciones ideales, lo que permite a los F-16 atacar objetivos a gran distancia antes de ser detectados por radares enemigos. Velocidad: puede alcanzar más de Mach 4 (unos 4.900km/h), dificultando que el objetivo logre maniobrar para evadir el misil. Guía activa por radar: el misil incorpora un radar propio para el guiado terminal, lo que le otorga capacidad «fire-and-forget» (dispara y olvida), liberando al piloto para tomar otras acciones tras el lanzamiento. Enlace de datos bidireccional: permite que los misiles reciban actualizaciones en vuelo por parte del avión lanzador, incrementando sus probabilidades de alcanzar blancos maniobrantes o que intentan evadir. Resistencia electrónica: capaz de «home on jamming», es decir, atacar blancos que usen contramedidas electrónicas activas. Su cabezal explosivo de fragmentación y sistema de espoleta de proximidad aseguran la destrucción de objetivos incluso sin impacto directo. Su capacidad «disparar y olvidar» libera al piloto de la necesidad de mantener el objetivo bajo vigilancia constante, permitiendo así múltiples disparos simultáneos y maniobras evasivas inmediatamente después del lanzamiento. Con velocidad de hasta Mach 4 y alta resistencia a contramedidas electrónicas, el AIM-120C-8 transforma las capacidades aéreas argentinas, acercándolas a las de las principales potencias de la región y el mundo. Sin embargo, existe un detalle el radar AN/APG-66 de los F-16 argentinos tiene un alcance estimado de entre 110 y 140 Km, lo que puede poner un límite táctico al empleo del misil AIM-120-C8.
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Redacción. – El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, señalo en una rueda de prensa el pasado fin de semana. “En estos momentos, utilizamos nuestras armas de largo alcance de producción nacional y para ser sinceros, no hemos hablado con EE. UU. de estas cosas recientemente«, añadió. El presidente ucraniano se refería a los misiles de crucero FP-5 Flamingo con base en tierra, presentados por la empresa de Defensa ucraniana Fire Point a mediados de agosto. A partir de ahora se fabricará un misil al día. Según los medios de comunicación, la empresa podría multiplicar por siete esta cifra de aquí a finales de año, hasta más de 200 al mes o 2.500 al año. La revelación del uso del nuevo misil coincide con un cambio radical de estrategia. Ucrania ya no depende de la aprobación estadounidense ni de los satélites del Pentágono para atacar objetivos estratégicos en suelo ruso, rompiendo las limitaciones que Washington y la OTAN impusieron durante meses por temor a una escalada directa con Moscú. El misil tiene una envergadura de unos seis metros, pesa unos 6.000 kilogramos y su carga útil es de 1,150 kilogramos, es decir, bastante más que los drones y pequeños misiles de crucero ucranianos, lo que lo convierte en el primer «sistema pesado de misiles» de producción ucraniana. Las características técnicas y el sistema de guiado por satélite del Flamingo compensan la ausencia de tecnologías de guiado visual avanzadas y ofrecen una combinación de simplicidad y eficacia orientada a la producción industrial y al uso flexible en ataques combinados. Aunque los propios especialistas ucranianos reconocen que la defensa antiaérea rusa interceptará parte de los FP-5, la gran cantidad y el empleo coordinado con otros sistemas aumenta notablemente la probabilidad de éxito en misiones contra infraestructuras críticas.
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Los aviones T-6C están diseñados específicamente para entrenamiento militar y cuentan con la tecnología más avanzada, incluyendo asientos eyectables, sistemas anticolisión y de advertencia de proximidad al suelo, una cabina presurizada y un sistema de generación de oxígeno a bordo para proporcionar oxígeno suplementario a cada piloto. La Fuerza Aérea Mexicana (FAM) posee uno de los aviones tecnológicamente más avanzados del mundo que incluye cabinas digitales y sistemas de vuelo integrados, que proporcionan a los pilotos una comprensión completa del rendimiento, las capacidades y desempeño de su aeronave. Una característica del T-6C Texan II es que los asientos en tándem escalonados permiten cambiar fácilmente entre las posiciones de alumno e instructor, maximizando la eficiencia del entrenamiento. Tan importante como la tecnología es el diseño robusto y fiable, que garantiza su capacidad para soportar los rigores del entrenamiento y diversas condiciones de vuelo. Del mismo modo la aeronave está equipada con asientos eyectables, que proporcionan una medida de seguridad en caso de emergencia. La cabina presurizada, junto con un sistema de generación de oxígeno a bordo, mejora la seguridad y la comodidad de la tripulación durante los vuelos, además de que se eliminan los tanques de oxígeno. El sistema anti-G de la aeronave ayuda a los pilotos a mantener el control durante las maniobras de alta gravedad, lo que mejora aún más la seguridad y la eficacia del entrenamiento. Otras ventajas a nivel prestaciones es su elevada velocidad de ascenso: El T-6 Texan II tiene una excelente relación peso-potencia, lo que le permite ascender rápidamente. Un detalle poco conocido pero relevante es que el T-6 Texan II está diseñado para ser interoperable con otras aeronaves, como el F-16 o el F-18 lo que lo convierte en un recurso valioso para los programas de entrenamiento militar. Es importante considerar que este aparato es el que ha seleccionado la USAF y la US Navy como instructor básico e intermedio. En México estos aviones fueron seleccionados para reemplazar a los Pilatus PC-7 de los Escuadrones Aéreos 201, 202, 203, 204, uno de los motivos de elección para la FAM fue la gestión para que, que la empresa Hawker Beechcraft Corporation instalará dos plantas de construcción de estructuras y aviónica en Chihuahua, en colaboración con la Universidad Autónoma de Chihuahua y el Cluster Aeroespacial de Chihuahua, lo cual genero inversión y empleos en esa entidad; motivo por el cual gano el Texan II a los modelos ofrecidos por Pilatus y Embraer. Los primeros seis aviones T-6C+ Texan II llegaron nuevos de fabrica a la FAM en el año 2012, sumado hasta el 2018, 66 aviones en total. Además de los escuadrones ya mencionados el T-6C Texan II es operado en los Escuadrones Aéreos 205 y 402.
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Por José A. Quevedo La compañía Sierra Nevada Corporation (SNC) ha ingresado oficialmente al concurso del Sistema de Entrenamiento de Reactores de Pregrado (UJTS) de la Armada de los Estados Unidos con su nuevo avión Freedom Trainer, un avión de diseño específico, completamente nuevo, diseñado para reemplazar al obsoleto Boeing T-45 Goshawk. La empresa presenta su oferta como una solución de “cero compromisos”, que combina un rendimiento moderno, bajos costos de ciclo de vida y sólidas capacidades de aterrizaje representativas de un portaaviones, características que distinguen el diseño en un programa que ha visto requisitos cambiantes por parte de la Armada. Según el comunicado de prensa de SNC, el Freedom Trainer es la pieza clave de la nueva Familia de Sistemas de Entrenamiento Freedom de la compañía, desarrollado específicamente para la aviación naval. La aeronave cuenta con una cabina biplaza en tándem con asientos eyectables Martin-Baker Mk18 y una avanzada arquitectura modular de sistemas abiertos diseñada para facilitar la integración de futuras actualizaciones. La empresa enfatiza que la US Navy poseería el paquete de datos de diseño digital, lo que garantizaría el control a largo plazo de las modificaciones. A diferencia de sus competidores, que son adaptaciones de diseños de entrenadores existentes, Freedom es un birreactor completamente nuevo propulsado por dos turbofán Williams International FJ44-4M, cada uno con 1600 kg de empuje. Esta configuración la distingue de los monomotores T-7 y T-50, propulsados por el motor GE Aerospace F404, y contrasta con el bimotor M-346N, de mayor tamaño, propulsado por el motor Honeywell-ITEC F124. SNC afirma que este enfoque genera ahorros significativos, con un costo estimado de horas de vuelo de aproximadamente $4,500, aproximadamente la mitad que el de los aviones propulsados por el F404 o el F124. La compañía argumenta que los motores derivados de los jets ejecutivos, ya ampliamente utilizados en el mercado, prometen mayor confiabilidad y menores costos de revisión en comparación con los motores de combate tradicionales. Además de sus credenciales de entrenamiento en portaaviones, SNC destaca la asequibilidad proyectada del avión. La compañía afirma que los gastos relacionados con el motor son un 40 % inferiores a los del T-45 y la mitad que los de los entrenadores terrestres comparables. Con una vida útil estructural de 16,000 horas, el avión está diseñado para evitar costosos programas de extensión de su vida útil. El SNC también destaca la mayor autonomía de las misiones, con duraciones de salida entre un 30 % y un 40 % mayores que las de los entrenadores actuales de la Armada. Los vuelos más largos implican más tiempo de entrenamiento por salida y, potencialmente, la necesidad de menos aeronaves para cumplir con el programa de estudios de la Armada. El servicio ya está considerando un mínimo de 145 aeronaves para reemplazar unos 220 T-45.
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