La presidenta de México NO debe viajar en vuelos comerciales
Por: José A. Quevedo El pasado 24 de abril de 2026, la presidenta de México realizo un viaje internacional a la ciudad de Barcelona en España, para lo cual viajo en un avión comercial. Es importante recordar los inconvenientes que para un jefe de estado eso conlleva, básicamente la presidenta queda aislada por el tiempo que dure el vuelo en este caso por 10 horas o más, que es el tiempo que demora el avión para cruzar el océano Atlántico desde México, lo que la incapacita para atender los asuntos que el país necesita en caso de una emergencia, por ejemplo, un terremoto, independientemente de que se tuvo que hacer escala en Madrid, para tomar otro vuelo a Barcelona. La presidenta de México no puede, ni debe viajar en aviones comerciales en primer lugar porque por su alta responsabilidad no se debe comprometer su seguridad, también porque en caso de una emergencia su capacidad de reacción disminuye en caso de necesitar girar instrucciones o regresar a México, lo más rápido posible, entre otros muchos otros problemas incluidos problemas o reclamos de otros pasajeros. Algunos de los otros jefes de estado que asistieron también a esa ciudad lo hicieron en aviones de sus respectivas fuerzas aéreas, el presidente de Brasil lo hizo en una de las aeronaves Airbus A330-200 designada como C-30 y que representa una importante capacidad de transporte estratégico para la Fuerza Aérea Brasileña. Por su parte el presidente de Colombia viajo a Barcelona en un avión Boeing 737-74V (BBJ), con la configuración Boeing Business Jet, reconocido por ser uno de los pocos aviones presidenciales militarizados con un estatus OTAN E-4, que representa máximo nivel de protección. Hasta el 2018, la presidencia de México contaba con una importante flota de aeronaves para uso presidencial, lo que permitía una total flexibilidad y una respuesta inmediata a cualquier eventualidad. Por ejemplo, el 19 de septiembre de 2017, el presidente Peña Nieto se encontraba volando en el avión presidencial el TP-01 “Jose María Morelos y Pavon” donde se pudo enterar de que en el centro de México había ocurrido un terremoto, de magnitud 7.1. Decidió regresar de inmediato a Ciudad de México, aterrizando en la base de Santa Lucía, Estado de México, para realizar un sobrevuelo de evaluación de daños en la capital. Ese día el gabinete sesionó a bordo del avión presidencial para definir las acciones a implementar, antes de aterrizar en la Ciudad de México, ante la tragedia ocurrida a las 13:14 horas. El avión presidencial no pudo aterrizar en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México porque estaba cerrado, entonces se dirigió a la base aérea de Santa Lucía. Una vez en tierra, Peña Nieto bajó del avión y abordó un helicóptero en el que supervisó, desde el aire, las zonas siniestradas. En contraste, en el 2019, una vez que ya no se utilizaba el avión presidencial el 17 de octubre el presidente López Obrador se encontraba en un vuelo comercial con destino a Oaxaca para una gira de trabajo, de acuerdo con reportes de aquella fecha el mandatario estaba incomunicado momentáneamente mientras realizaba un vuelo comercial y aterrizaba en Oaxaca, ajeno inicialmente a la magnitud de los hechos que ocurrían en Culiacán. En ese momento un operativo fallido para detener a un objetivo prioritario resultó en bloqueos, ataques armados y la liberación del sospechoso por parte de las fuerzas federales, dada la falta de coordinación en el gobierno federal. Anteriormente la presidenta ya había usado aviones militares para distintas giras de trabajo, volando la mayoría de las veces en un transporte ejecutivo Gulfstream G-450 de la Fuerza Aérea Mexicana que se utiliza para el transporte de altos funcionarios y giras oficiales, por lo que no se entiende que haya regresado al esquema de volar en vuelos comerciales, cuando es un procedimiento lento, incomodo y con distintos niveles de riesgo, para la investidura presidencial. Que, en el 2026, México no cuente con un avión presidencial, es increíble, ya que es una de las mayores potencias del mundo, México forma parte del G-20, la OCDE, y es junto con Brasil el país más fuerte de Latinoamérica.
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