¿Reemplazar o modernizar? F-5E/F Escuadrón Aéreo 401 de la Fuerza Aérea Mexicana
- Aviación Militar, Aviación Militar Mexicana, Defensa, Fuerza Aérea Mexicana, Industria
- agosto 16, 2024
MÉXICO AEROESPACIAL 
A lo largo de la era del jet, Boeing ha venido avanzando a paso sostenido en el mejoramiento del desempeño ambiental, que van desde el consumo de combustible y la emisión de gases hasta los niveles de ruido para las comunidades que sobrevuelan los aviones. Con el 787 Dreamliner, Boeing incorporó tecnologías novedosas tendientes a lograr un mejor desempeño medioambiental en sus aviones comerciales. El compromiso de la empresa de mejorar el desempeño ambiental de sus aviones está fincado en la convicción de que hacer lo correcto por el medio ambiente es además un buen negocio. Esto es especialmente válido en el caso de un fabricante de aviones, pues una de las muchas razones por las que el público decide volar es justamente para disfrutar la enorme variedad de riquezas y maravillas ambientales que hay en todo el mundo. Son cuatro las tecnologías que contribuyen a lograr la impresionante mejoría del 20 por ciento en el consumo de combustible para el 787 Dreamliner en comparación con otros aviones de tamaño similar. Nuevos motores, una mayor utilización de livianos materiales compuestos, aplicaciones de sistemas más eficientes y una moderna aerodinámica son factores que contribuyen, todos, al desempeño total del 787. El bióxido de carbono (CO2) se produce al consumir combustible. Esto significa que, al utilizar menos combustible, se logra una reducción equivalente en las emisiones de bióxido de carbono. Otra norma muy importante de emisiones en el caso de jets comerciales son los óxidos de nitrógeno (NOx). Hoy en día ya existen normas específicas para los aviones del futuro, calculadas mediante una compleja fórmula en función del empuje nominal de los motores del avión. El 787 fue diseñado para garantizar que opere muy por debajo de las normas actuales –más de 30 por ciento mejor que el 767—y también de las reglamentaciones futuras, más estrictas, que están siendo incorporadas por el Comité para la Protección Medio ambiental en la Aviación (CAEP). Como bien saben quienes viven en las cercanías de un aeropuerto, abatir el ruido que producen los aviones durante el despegue y el aterrizaje es un criterio muy importante de desempeño medioambiental. Al igual que en el caso del consumo de combustible y las emisiones contaminantes, a lo largo de su historia Boeing ha trabajado para reducir la huella acústica de sus productos, es decir, la distancia a la que escuchan niveles de ruido molestos. El 787 Dreamliner utiliza varias tecnologías, la más importante de ellas en este sentido son tomas de aire de nuevo diseño y distintivos bordes serrados en la parte posterior de los motores, además de otros tratamientos especiales para los motores y su carenaje, a fin de garantizar que ningún ruido de 85 decibeles (aproximadamente el nivel que produce un tráfico intenso al escucharlo en la calle) llegue más allá de los límites del aeropuerto. De hecho, la huella acústica del 787 es más de 60 por ciento más pequeña que la de los aviones actuales de tamaño similar. La capacidad operacional del 787 Dreamliner también ofrece ventajas ambientales, pues permite a las aerolíneas ofrecer más vuelos directos para enlazar ciudades de tamaño mediano. Aunque los aviones de doble pasillo más grandes de hoy tienen la autonomía de vuelo necesaria para cumplir tales misiones, resultan demasiado grandes para operar rutas entre ciudades medianas de manera económica. Sin embargo, el 787, un avión mediano, puede operar con gran eficiencia enlazando estos pares de ciudades y eliminando la necesidad de despegues y aterrizajes adicionales. Llevar al pasajero más directamente a su destino final se traduce en varios beneficios medioambientales. Una ruta más directa consume menos combustible y, por consiguiente, produce menos emisiones. Asimismo, al requerirse un menor número de despegues y aterrizajes, se reduce la huella acústica total del avión. Y para los pasajeros que necesiten pasar por uno de los grandes centros de conexiones (hubs), eliminar tráfico “de paso” contribuye a que estos aeropuertos (y las vías aéreas que conducen a ellos) estén menos congestionados. Algunos estudios demuestran que entre 30 por ciento y 50 por ciento de todos los pasajeros en los grandes aeropuertos que operan como centros de distribución de vuelos sólo están ahí de paso, produciendo congestionamientos y otros impactos ambientales en una ciudad que no es ni su punto de origen ni su destino final. El 787 ha sido concebido para transportar pasajeros y carga desde su ciudad de origen hasta su destino final de la manera más eficiente desde el punto de vista ambiental. Debido a que el 787 está hecho principalmente de materiales compuestos de fibra de carbono, cuya materia prima se recorta como tela, los procesos de manufactura generarán menos material de desperdicio. Los aviones estaban hechos principalmente de aluminio, el cual debe ser trabajado y maquinado a partir de grandes láminas o bloques para crear la estructura del avión. En general, hasta el 90 por ciento del aluminio en bruto que se utiliza para fabricar piezas de avión se convierte en desperdicio durante el proceso de manufactura. Aunque este material puede ser reciclado, es mejor, en la medida de lo posible, evitar generar desperdicio. La solución que propuso el 787, a base de materiales compuestos, permite mejorar la eficiencia en este aspecto. Boeing trabajó con empresas de todo el mundo para garantizar que se cuente con los procesos necesarios para permitir el reciclaje del 787 al término de su vida útil. Aunque los primeros aviones no se retirarán del servicio activo antes de 30 o 40 años, es importante trabajar desde ahora en preparación para ese momento. La combinación de su compromiso histórico con el mejoramiento del desempeño medioambiental de sus aviones y un esquema de ciclo de vida específico en el diseño de su nuevo avión, ha permitido a Boeing crear un transporte comercial súper eficiente. El 787, gracias en parte a su extraordinario desempeño ambiental, representa el lanzamiento más exitoso de un avión nuevo en la historia de la aviación comercial.
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Un estudiante de sexto semestre de física de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Yair Israel Piña López, quien se convirtió a sus 20 años en el investigador más joven de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), ahora será parte de tripulación 180 en la Estación de Investigación del Desierto de Marte. (The mars desert research station) Por su excelente expediente académico, el joven estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) participará del 29 de abril al 14 de mayo en una misión de trabajo en la que estará bajo condiciones similares a las del planeta rojo. Esta estación, establecida y operada por la Sociedad de Marte para promover la exploración y el asentamiento de dicho planeta, se ubica en el desierto de Utah, en Hanksville, Estados Unidos. Debido a la similitud del desierto del sitio referido con el terreno del planeta rojo, se desarrollan tácticas y se estudia el terreno, mientras que todas las exploraciones exteriores se hacen con trajes espaciales y tanques de oxígeno. Además, el personal vive en una pequeña base de comunicaciones con limitaciones de electricidad, comida, oxígeno y agua, pues todo lo necesario para sobrevivir debe producirse, arreglarse y reemplazarse ahí mismo. Yair compatirá la misión con otros cinco tripulantes. Gracias a su trabajo sobre el desarrollo de materiales con propiedades termoluminiscentes para la medición de radiación en el espacio, Piña López fue aceptado por la NASA como estudiante-investigador. En 2015 fue aceptado para intervenir en el programa Orión de la NASA, y a la par formuló su primer artículo científico referente a dosimetría espacial (medición de la radiación en el espacio). Además, fue llamado a integrarse al “Project Pilot Manager” en la Universidad de Samara, Rusia, para desarrollar un componente satelital y medir la cantidad de iones en la ionósfera. Cursó los estudios equivalentes a la secundaria en el sistema de Iniciación Universitaria, que se imparte exclusivamente en la preparatoria 2 de la UNAM. Desde entonces empezó su interés por las ciencias. Para ello fue pieza clave el consejo de su abuelo materno, Alberto Israel López Negrete, ya fallecido, quien fue su guía y consejero para que se acercara a esas disciplinas. Su madre fue fundamental para que Yair se apasionara por la física. Un día lo retó y le dijo que le demostrara que era bueno para el estudio de esa disciplina. Fue así como el joven comenzó a desarrollar un detector de radiación ionizante de partículas cargadas. Con el paso del tiempo y el apoyo de la Facultad de Ciencias y el Instituto de Ciencias Nucleares mejoró esa innovación, gracias a la cual fue seleccionado para sumarse al proyecto de la Sociedad de Marte, los experimentos que tendrá a su cargo son, entre otros, un protocolo para determinar la radiación en ambientes marcianos, que servirá de ayuda para los futuros astronautas en Marte (cuya misión tripulada podría darse entre 2030 y 2033). Junto con sus compañeros de misión, realizará caminatas con los mismos vehículos y trajes especializados que se utilizarían en Marte para efectuar una verdadera simulación, enfrentándose a temperaturas menores a los 10 grados centígrados, poca agua y escasos alimentos. En el planeta rojo, dice, se recibe un tercio más de radiación que en la Tierra, debido a que esa atmósfera es más delgada. El constante trabajo lo ha llevado a donde está. En cuatro meses el joven se volvió famoso y en la UNAM algunos lo llaman “el rockstar de la aeronáutica”. Apenas en octubre fue electo por la NASA como estudiante-investigador. Después de publicar un artículo en la revista científica Journal of Physics. La Universidad de Samara en Rusia buscó al joven mexicano para desarrollar un componente satelital, que le permitió realizar estudios en aquel país. Su investigación sobre radiación en el espacio, se realizó en la unidad de irradiación y seguridad radiológica, del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN), donde observó el comportamiento de la radiación y la afectación que ésta puede generar en la salud de los astronautas. Para contrarrestar cualquier afectación, López propuso un detector activo para diversos tipos de radiación como uranio natural y estroncio 90. El primero significa un riesgo para la salud de la persona, debido a que su exceso puede ocasionar la muerte por envenenamiento, así como interrumpir el funcionamiento de las células, generar cáncer y mutaciones genéticas. También advirtió riesgos por altos niveles del compuesto Estroncio 90, que puede generar afectaciones de crecimiento en los huesos y puede afectar su función; así como la piel, los ojos y el corazón.
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El Boeing 787-10, es la versión de mayor tamaño y capacidad de la familia Dreamliner que a partir del año 2018, comenzará a surcar los cielos del mundo, este nuevo avión, ha salido oficialmente de la cadena final de montaje 24 horas después de que el equipo de pintura de Boeing acabase su trabajo en el avión, y unos días después de la salida real del avión de la cadena, 50 días después de que comenzasen los trabajos para unir entre si las secciones del fuselaje, alas y superficies de cola. Dennis Muilenburg, presidente de Boeing ha manifestado durante la presentación que: “Lo que está sucediendo aquí en Boeing Carolina del Sur es una verdadera historia de éxito. En tan sólo unos pocos años, nuestro equipo ha transformado un campo verde en una moderna planta de producción aeroespacial que está entregando aviones 787 a aerolíneas de todo el mundo”. Boeing ensamblara, al menos de momento, el B-787-10 sólo en la factoría de Charleston, esperando que los primeros aviones de serie, también se articulen aquí. Boeing ha desviado a la otra cadena final de montaje en Everett, donde se ensamblan también todos sus aviones de dos pasillos, la mayoría de la producción de los 787-8 y 787-9. Una vez que la empresa complete las pruebas en tierra, el B-787-10 hará su primer vuelo en el mes de abril. Su certificación se espera en nueve meses desde el primer vuelo, y Singapore Airlines será la primera aerolínea que lo reciba. En diciembre del año pasado comenzó el ensamblaje final de esta aeronave que pese a ser 5.5 metros más largo que su predecesor, tiene 95 por ciento de compatibilidad con el B787-9, y además gasta 25 por ciento menos combustible. De acuerdo con el fabricante, esta eficiencia energética también es la mejor del mercado, con ahorros de combustible y emisiones un 10 por ciento por encima de lo que ofrecen sus competidores. Se espera que el avión realice su vuelo inaugural a finales de este año. Actualmente existen 149 órdenes de nueve clientes mundiales, con las primeras entregas programadas para 2018 a las aerolíneas United Airlines y Singapore Airlines. Ésta última compañía fue la más reciente en anunciar su compromiso con Boeing, y junto a Etihad Airways tiene la orden más importante, con 30 unidades del 787-10 para cada empresa. El nuevo Dreamliner cuenta con capacidad para 330 pasajeros y puede cubrir una distancia de hasta 11 mil 910 kilómetros, características óptimas para cubrir el 90 por ciento de las rutas internacionales para aviones doble pasillo. Tal y como sus hermanos de línea, el 787-10 cuenta con motores turbofán Trent 1000 fabricados por Rolls-Royce, aunque éste modelo se ubica 60 por ciento por debajo del nivel de ruido que los dos modelos previos. Con una capacidad para 330 pasajeros, el 787-10 puede acomodar a un 14% más pasajeros que el B787-9 y transportar un 15% más de carga en comparación con serie 9, asegurando una disminución de costos para los operadores. De acuerdo con datos del fabricante, el 787-10 puede operar rutas de hasta 6.430 millas náuticas (11.910 Km) en comparación con el B787-9 que realiza tramos de hasta 7.635 mn. (14.140 Km.). Boeing tiene 149 pedidos en firme para esta versión del Dreamliner por parte de nueve clientes, Airbus, registra actualmente 195 órdenes por el A350-1000 en todo el mundo. Con eso en mente es claro que la serie 10 del Dreamliner nace con el desafío importante en materia comercial, colocarse como opción entre las distintas líneas aéreas. Fotos Boeing
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A partir del 1 de diciembre de 2016, se incorporó al Ala 31 del Ejército del Aire el primer avión de transporte militar A400M, que se presenta como sucesor natural del Hércules C-130. El A400M, T-23 en nomenclatura militar española, es el primer avión de transporte militar de gran capacidad con tecnología europea. Sus cuatro motores turbo propulsados, con hélices de ocho palas, le permiten alcanzar velocidades de hasta Mach 0.76 (900 km/h) a 37.000 pies de altitud. Se puede decir que es el avión de transporte más versátil disponible en la actualidad, y da respuesta a las necesidades más variadas de las Fuerzas Aéreas de todo el mundo. La aeronave, capaz de llevar un máximo de 37 toneladas, puede lo mismo transportar helicópteros y hasta 120 soldados con todo su equipamiento. Gracias a sus nuevas tecnologías, el A400M puede volar a distancias de hasta 4.700 millas náuticas (8.700 km). Al poder volar más rápido y a mayor altitud, también es ideal como avión de reabastecimiento para el repostaje de cazas y otros grandes aviones. Además, responde rápidamente en situaciones de crisis porque puede recorrer mayores distancias dentro de la jornada de una única tripulación sin relevo. Este avión es capaz de desarrollar tres tipos de tareas muy diferentes: misiones tácticas, de proyección a largas distancias y también es apto como avión de reabastecimiento. Puede realizar misiones que hasta ahora precisaban el uso de dos o más tipos de avión, y que incluso así podían cumplirlas sólo de manera imperfecta. Entre sus características técnicas más destacadas es importante citar su tren de aterrizaje de 12 ruedas que le permiten aterrizar en diversos tipos de pistas. Gracias a este diseño, el A400M se asegura de que la ayuda humanitaria pueda llegar en diferentes destinos cuando se necesite con urgencia. Además, la posibilidad de volar a diversas alturas permite que las misiones de lanzamiento de paracaidistas se puedan realizar desde 40.000 pies para operaciones de fuerzas especiales hasta 15 pies para entregas de cargamentos a baja altura. Como sustituto del Hércules, hasta ahora columna vertebral de la aviación de transporte española, el A400M se presenta como el primero con capacidades que ningún avión había reunido hasta ahora. La incorporación del A400M supone para el Ejército del Aire un salto cualitativo y cuantitativo en la forma de llevar a la práctica el concepto de fuerza aérea expedicionaria. Información e Imágenes: Ejército del Aire de España
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